miércoles, 14 de septiembre de 2016

Exilio: Capítulo 4

Buenas noches Maravillas!! Espero que estéis bien ;) aquí os dejo el capítulo 4 de Exilio. Espero que os guste, puede que sea diferente al 3 pero ya os adelanto que el 5 viene cargado de acción. Además, esta semana nos estrenamos con un segundo capítulo el Viernes noche. (Es decir Cap 5 el Viernes) espero que podáis regalarme un comentario y así saber qué os va pareciendo la novela :D 

Capítulo 4: 

La mujer que sostenía en sus brazos se moría, notaba la vida apagarse, desvaneciéndose entre sus manos tan veloz como la carrera a vida o muerte que había acontecido. Miró hacia el bosque en busca de él pero ya no lo vio. 

Había que actuar rápido o moriría… la pregunta era: ¿Había que salvarla?

Miró hacia la mujer a la que había consolado, a la que le había prometido que estaba a salvo. Marcada y magullada su rostro estaba plagado de heridas, aunque su cuerpo no estaba mucho mejor. Era en cuerpo y espíritu una humana, algo muy escaso y preciado en Ankahara. 

Había cruzado el límite, algo que no sucedía en siglos. 
Sus tupidas pestañas protegían unos grandes ojos que ahora permanecían cerrados, su piel era pálida como una dama de las nieves. No pudo evitar fijarse en sus largos cabellos pelirrojos, un color que sólo había visto una vez en persona; era como tener las llamas acariciar la cabeza, sexy y sensual. Se sorprendió al descubrirse pensar en la sensualidad de una mujer y se regañó a sí mismo, no era el momento idóneo para tales pensamientos. 

<<Entonces, ¿Qué hago mirándole los labios?>>

Eran rojos como la sangre, gruesos y tan apetitosos que se sintió culpable al sentir lujuria. 

Caminó con ella hasta casa, necesitaba acabar con aquella situación de una manera u otra. Llegando a la aldea se encontró a todo su pueblo esperándole, sí, algo estaban comenzando a sospechar. Era como un rumor que había evolucionado hasta hacerse peligroso, lo veía en sus rostros y en sus miradas acusatorias. 

Quiso caminar entre ellos pero no se apartaron, así pues, les fulminó con la mirada y esperó una explicación.

-Es humana. –escupió el Mayor Darius. 

El hombre, cerca de los trescientos años ya casi una eminencia en aquel lugar y su palabra solía convertirse en ley, salvo que Rem se negara. Entonces nadie le llevaba la contraria, les habían enseñado a respetar a alguien como él. 

-Sí, eso he visto. –contestó Rem con el rostro impasible. 

-Ejecútala. –ordenó al mismo tiempo que se ajustaba la túnica blanca a la cintura. 

¿Debía matarla? 

Por ahora lo mejor era seguir con ella, habían demasiadas incógnitas como para acabar con su vida. Ella podía ser una pieza importante en aquel rompecabezas macabro que el destino había elucubrado para todo aquel universo. 

-No. 

Su voz tronó en el ambiente haciendo que muchos de sus convecinos le abrieran camino. Los pocos que quedaron eran los leales al Mayor Darius y sus descabelladas ideas de sacrificios de vírgenes y locuras semejantes.

-Ha cruzado el límite, eso podría cambiarlo todo. Vas a matarla. 

La orden en la voz del Mayor hizo que sus ojos se encendieran en un tono rojizo, sabía que esas reacciones debía ocultarlas al resto pero había momentos en los que no se podían ocultar. No soportaba el tono imperativo con él. Era lo suficiente mayor como para saber manejar aquella situación. 

-Suelo decidir mis actos yo mismo. Por ahora ella vivirá. 

-No superará la noche, sería un acto de piedad. 

Rem miró a la mujer y supo que se iba muy deprisa. 

-No conozco la piedad. 

No quedó allí ni un momento más, su cabaña era la más próxima a su posición y llegó a ella tan veloz como pudo. Subió al porche y antes de entrar el Mayor Darius le dijo:

-Si la dejas vivir caeremos en desgracia. 

-Con o sin vida diría que ya hemos caído.

Y entró. 
***


Había dejado a la muchacha en su cama en lo que buscaba vendajes y los utensilios necesarios para curarla. Antes de que la puerta se abriera ya notó su presencia así que mentalmente ayudó a que la madera se moviera y dejara pasar a su hermana Ameria. 

-¡Estás cometiendo un enorme error dejándola vivir! –gritó ella. 

Su querida familiar estaba demasiado exaltada y, al verla, comenzó a comprender cuánto ella quería decir.Curiosamente, Ameria compartía el mismo extraño color de pelo que la recién llegada, un color que en Ankahara era escaso, por no decir nulo. Su hermana era la única que lo poseía y eso significaba muchas cosas y ninguna buena. 

-Ella vivirá Ameria. 

-¡Nos estás condenando a todos! Es mi altar-ego. 

Lo sabía. 

Ankahara era un mundo espejo que hacía el reflejo de la Tierra. Todo ser tenía dos formas de existir una en cada mundo. Y si en la Tierra eras dulce y amable, en Ankahara eras un ser despreciable. Su hermana era el ser más puro de su universo pero, al mismo tiempo, no había visto nada oscuro en la otra joven. 

-Tal vez sea ella la excepción. –sí, estaba seguro. 

-La noto como si fuera una extensión de mi cuerpo. –dijo asustada. 

El miedo hacía cometer actos terribles en personas que se dejaban llevar por sus emociones, él, por suerte de la humana, poseía un temple más tranquilo. 

-Necesito tu ayuda para que viva. –Rem no esperó respuesta, fue hacia su habitación para ir a ayudar a la muchacha. 

-Si ha cruzado por algo será. Ya nada es igual que ayer, lo noto en el bosque. 

Él también lo había notado… y visto. 

-Los hermanos han regresado. 

Y como si hubiera dejado caer una bomba, Ameria tomó asiento en el suelo al mismo tiempo que comenzaba a agitar su respiración. El terror se destiló por todas sus delicadas facciones y fue como ver un libro abierto, ella recordaba el terror que había asolado al mundo años atrás. 

-¿Los has visto?

-Sólo a Khalos. –contempló unos segundos a la pequeña humana. –Trató de ayudarla cuando los merodeadores la persiguieron por el bosque. 

-Entonces ahí tienes la conexión. Ella los trajo. 

Dudaba que hubiera sido así, él había visto el terror en la joven y como había tratado con Khalos, era como si no conociera el mundo en el que se había adentrado. Por no mencionar lo horrorizada que había quedado al ver a la otra humana ser devorada. Eso no era propio de alguno de los hermanos o sus amigos. 

Puede que los hubiera traído pero no por voluntad propia. 

-No debe morir aún. Puede ayudarnos mucho. 

Escuchó bufar a Ameria, ella no lo aprobaba. Por suerte para él contaba con que su decisión era la que más peso tenía en aquellos momentos e iba a hacer lo que pensaba. 

-¿No viste a Nexia? –inquirió su hermana. 

Él negó con la cabeza al mismo tiempo que comenzaba a cortar las telas de la humana. 

-¿Y cómo sabemos si ha entrado?

-Si ambos hermanos están en Ankahara, pronto se dejarán ver. 

Y esa era la más cruel de las verdades. 

Pero aún había un detalle curioso. 

Quiso no sentirse atraído por su desnudez pero perdió la batalla. Puede que le hubiera dejado la ropa interior pero ella se veía apetecible, a pesar de las graves heridas que lucía por todo su cuerpo. Acarició la rodilla derecha y comenzó a dejar libres sus poderes. 

-Pronto estarás bien. –prometió. 

-Estás loco hermano, ella ha traído a Khalos hasta aquí. 

-Sí así lo ha hecho desconoce quien es. –la magia entró en ella de forma lenta y suave, iluminando cada poro de piel de la joven. 

-¿Y cómo sabes eso? –su alterada hermana no ayudaba en aquellos momentos. 

-Le llamaba Scott y él le contestaba. Era como si –tomó una pausa y le volvió a mirar los carnosos labios. –estuviera preocupado de verdad por ella. 

La risa de Ameria le hizo suspirar, a veces podía llegar a ser demasiado obstinada. 

-Ninguno de los hermanos se preocupa por nadie más que por ellos mismos. 

-Yo lo vi hermana mía, vi la desesperación con la que Khalos quiso que esta humana saliera del bosque. 

La escuchó levantarse y comenzar a caminar cual buitre por la habitación. 

-¿Y cómo es que logró escapar de los merodeadores?

-Yo le quemé el rostro a uno. 

La reacción no se hizo esperar, ella hizo ligeros aspavientos y gruñidos que bien podrían haber sido palabras pero no las entendió. Comenzaba a creer que su hermana había enloquecido y no pudo más que sonreír al verla en aquella tesitura. 

-Ameria ayúdame a que tu alter-ego viva. Yo me responsabilizo de ella y si es quien crees que es, la mujer malvada y déspota que dijes que es yo mismo acabaré con su vida. 


No pudo negarse, nadie podía bajo grandes consecuencias. Él era el guardián de la aldea y debían confiar. Para bien o para mal Rem había tomado la decisión de hacer vivir a la humana. Únicamente esperaba no haberse equivocado. 

Y la magia entró en ella dándole la vida que le faltaba. 




5 comentarios:

  1. Ohh, se pone muy interesante, Rem me gusta mucho

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  2. Oh oh oh esto empieza a coger ritmo!! Quienes serán Rem, Armería y el resto? Esperando el siguente

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  3. Oh oh oh esto empieza a coger ritmo!! Quienes serán Rem, Armería y el resto? Esperando el siguente

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  4. No, ahora en serio, ¿por qué me dejas así? Quiero más!!! Menos mal que el siguiente sale el viernes, tienes que explicar muuuchas cosas ehhh así que ya puedes ir empezando.

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