Exilio: Capítulo 3

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Capítulo 3:

Arrastró su cuerpo lo que pudo por aquel dichoso bosque, no había fauna que le facilitara la faena. Había saltado troncos, tropezado con piedras, caído sobre sus sangrantes heridas y nada la había detenido. Necesitaba seguir con aquella fortaleza, aunque sólo fuera para conseguir encontrar a sus amigas sanas y salvas. Luego, ya podría desfallecer.

Su cuerpo era un amasijo de golpes, todas las ramas parecían ser cuchillas afiladas que se aferraban a su piel y la atravesaban sin piedad. Siguió caminando sin importar el dolor, o cuán cansaba estaba; era como una lucha a contra reloj contra un rival mucho más grande que ella misma.

Tras una larga búsqueda se detuvo ante un árbol partido en dos, el lugar perfecto para dejar caer su cuerpo y reposar unos segundos. Las bocanadas de aire eran lentas, como si el ambiente se hubiera vuelto terriblemente denso y no pudiera más que luchar por seguir con vida.

La oscuridad de la noche la abrazaba silenciosa, tranquila, ajena a todo cuánto estaba aconteciendo en ella. Por suerte, aquella noche de luna llena la luz del astro iluminaba el camino. Al menos había algo a su favor.

Un suave crujido en la lejanía hizo que Alexia saltara de su posición como un resorte. Miró a su alrededor en busca de cualquier cosa que hubiera podido provocarlo y llegó a la conclusión de que habían podido ser demasiados.

Estaba a escasos momentos de lanzar la toalla, aquello era demasiado para ella. El dolor era insoportable y no podía apenas respirar para seguir estar consciente. Sentía como necesitaba cerrar los ojos y dormir un rato, por poco que fuera.

Y entonces, un grito atravesó el cielo tan rápido, tan visceral y tan desgarrador que Alexia sintió que se desmayaba.

Margot.

Sus sentidos se pusieron en alerta, el cuerpo tiró de ella veloz y fuerte como si nada hubiera pasado. Los gritos se sucedieron uno tras otro de forma tan violenta que sintió auténtica desesperación por llegar hasta ella.

Alexia arrancó a correr entre los árboles, dejándose guiar por los alaridos de su amiga. Nada importaba, era importante llegar hasta ella y ayudarla de todo mal que le estuviera ocurriendo. El corazón amenazó con abandonar su pecho, no había obligado a su cuerpo moverse a tanta velocidad y dejando a un lado el dolor en toda su vida.

Corrió, cayó, se arrastró y se levantó tantas veces que no supo como podía seguir haciéndolo.

Vislumbró unas figuras a lo lejos y las persiguió con locura, era lo que la separaba de su amiga Margot y necesitaba llegar hasta ella. Iba a protegerla y a volver a casa, de la que no iba a volver a salir el resto de su vida.

Estaba a unos escasos metros cuando un contundente golpe en el estómago la barrió al suelo.

¡No!-una voz masculina sonó en sus oídos.

Alexia, con un gruñido luchó para poder ponerse en pie. Arañó, golpeó y sacudió todo su cuerpo en busca de la liberación que nunca llegó. Estaba pegada al suelo y no veía nadie a su alrededor, era como si una fuerza invisible la tuviera inmovilizada.

Los gritos de Margot perforaron sus oídos y entre lágrimas intentó arrastrarse hasta ella. No pudo avanzar demasiado, sólo hasta un arbusto pequeño que la cubrió por completo. No podía entender lo que le ocurría, era todo demasiado extraño.

Consiguió alzar la vista y mirar más allá de la maleza, justo para encontrarse una imagen que la revolvió por dentro. Margot yacía en el suelo, gritando y llorando mientras tres seres… ¿Comían de ella?

Alexia se llevó las manos a la boca tratando de calmar sus propios gritos y sollozos.

La oscuridad ocultaba gran parte de los cuerpos de los agresores de su amiga, únicamente podía vislumbrar que eran tres y que mordían sin cesar el cuerpo de una mujer a la que apenas le quedaba vida. Las lágrimas salieron sin pedir permiso, vio morir a su amiga a escasos metros sin poder hacer nada por ayudarla. Ella, yacía en el suelo inmóvil, temblando por el horror que contemplaba. El aire se había llevado los gritos sordos de Margot, nadie había socorrido a una mujer que lo había implorado hasta su último suspiro.

Bajó la vista al contemplar con auténtica repulsión como le arrancaban un trozo de carne y lo masticaban con auténtico hambre. En silencio reposó su frente en el suelo y lloró, la impotencia la hacía temblar y su cuerpo apenas cooperaba.

Unos pocos instantes después volvió a mirar lo que quedaba de ella, la mujer a la que había querido como una amiga desde su infancia. Pudo ver su rostro desencajado por el dolor y sus ojos abiertos sin vida alguna. Uno de ellos alzó la cabeza como si oteara el aire y miró en su dirección.

Puro terror se instaló en su pecho impidiéndole respirar.

Corre. –la misma voz susurró en su oído derecho.

Alexia, incapaz de poder moverse vio como los tres atacantes de Margot comenzaban a caminar hacia ella.Unos brazos invisibles la cogieron de la cintura y la levantaron con fuerza.

Alexia, corre.

Buscó inútilmente a su alrededor y no vio nada. Uno de los asaltantes gruñó algo y los tres rieron, sí, seguramente ella iba a ser la siguiente en el menú.

¡Corre!

Scott apareció ante ella y la empujó en dirección contraria a los asesinos. Ella, abrumada por los acontecimientos apenas pudo tenerse en pie, cayó al suelo sonoramente y miró hacia el hombre que le había hablado.  

Él era diferente al Scott que conocía básicamente por que podía ver a través de él, como si de un fantasma se tratara estaba ante ella mirándola con unos ojos rojos encendidos como si tuvieran vida propia.

-¿Scott? –apenas pudo articular el nombre con claridad.

Su rostro era mucho más tenebroso ahora, con facciones angulosas y diabólicas. Sus labios seguían siendo finos y rosados pero parecían distintos, tanto como todo él. Su precioso pelo oscuro estaba tapado por una capucha negra como la noche que ocultaba casi completamente su frente, era casi imposible reconocerlo. Ya no quedaba nada del chico que conocía, ahora era la versión oscura de Scott. Pero quedaba su voz, ese tono grave y sensual que le caracterizaba.

¡Corre Alexia o te devorarán a ti también! –instó desesperado.
La ayudó a levantarse tomándola por un brazo y desapareciendo unos segundos para reaparecer unos metros más abajo.

¡Vamos! –le gritó.

Y su cuerpo fue como si recibiera el pistoletazo de salida, sus piernas comenzaron a reaccionar y rápidamente comenzó una carrera a contrarreloj por sobrevivir. Comenzó a correr bosque a través tan deprisa que apenas notaba donde pisaba, no importaba si había piedras o ramas en el camino su cuerpo seguía tan veloz como podía permitirse.

Scott la guio unos metros para desaparecer, lo llamó un par de veces pero al final decidió dejar de hacerlo. De esa forma los asesinos podían saber dónde estaba. Siguió la carrera tan deprisa que sintió que iba a caer y rodar en cualquier momento.

Ellos, los atacantes, la seguían de cerca. No hablaban su idioma, solo una especie de gruñidos por los que parecían comunicarse. Uno de ellos era el más veloz, el que la seguía de cerca, Alexia sentía su aliento putrefacto en la nuca sin apenas poder hacer nada.

El miedo bombeaba sus venas sin piedad, ya no podía sentir dolor, ni ninguna otra cosa que no fuera terror, auténtico y visceral miedo que la estaba dejando al borde de un ataque al corazón.

Resbaló y cayó al suelo, donde giró y golpeó con las palmas de las manos el suelo para alzarse rápidamente y seguir corriendo. El bosque comenzó a bajar y se percató que estaba en una bajada tan empinada que podía resbalar y morir allí mismo.

Un crujido a su derecha le indicó lo cerca que estaban, gritó presa del pánico y aceleró el ritmo, proporcionándose unos segundos de ventaja. Segundos después escuchó a otro a su izquierda y comprendió lo que estaban haciendo: la estaban cercando.

Aquello era una cacería y los tres habían emprendido un divertido juego que tenía como recompensa acabar con ella en el menú de la noche.

-Scott no dejes que me cojan. –suplicó entre lágrimas y sin poder detener las lágrimas.

Lo estoy intentando, corre Alexia.

Él estaba a su derecha, flotando fantasmagóricamente mirándola sin parar. Creyó sus palabras, algo en ella le indicó que él decía la verdad.

Los segundos se convirtieron en minutos y comenzó a notar que su cuerpo no aguantaba más. Sus piernas ardían y sus pulmones no toleraban más oxígeno. Comenzaba a perder la batalla, se notó desfallecer con rapidez; su cuerpo comenzaba a abandonarla y comprendió con horror que el destino le tenía preparada la misma suerte que a Margot.

Ya casi, sigue Alexia. –la voz de Scott perforaba sus oídos.

-¿Casi qué? No puedo más. –gritó muerta de miedo y demasiado cansada para reprimir las emociones.

Y, de pronto, reparó que el bosque se acababa. Si seguía a ese ritmo le quedaban unos pocos metros para salir de ese lugar y poder correr sin nada que la hiciera caer o resguardarse. Estaba perdida.

A pesar de eso, gastó sus últimas fuerzas en abandonar aquel lugar. No quería morir en el mismo bosque que Margot, al igual, si tenía suerte, al salir había una carretera y alguien la auxiliaría. Unos metros más y casi diez latidos más de corazón y vio lo cerca que estaba de abandonar el bosque. Y cuando iba a salir de allí uno de ellos la cogió de la melena y la lanzó violentamente contra el suelo.

-¡Nooo! –gritó instintivamente.

Cuando su cuerpo golpeó el suelo el aire abandonó completamente sus pulmones.

Entonces, lo vio.

Vio la cara del ser que había devorado a su amiga. No era humano, de eso estaba completamente segura. Era una especie de persona con grandes implantes en su rostro, sus cejas eran mucho más abultadas, sus nariz mucho más ancha de lo normal, pudo ver como respiraba y el aire se escapaba de sus fosas nasales, olfateándola. Y su boca era la puerta al infierno, todos sus dientes eran afilados como cuchillas y acabados en punta como cientos de colmillos dispuestos a devorarlas.

Iba a morir.

Antes de hacerlo, vio como sus ojos amarillos se encendían y brillaban con diversión. Iban a disfrutar se sus gritos mientras la devoraban, tal y como habían hecho anteriormente.

Cerró los ojos y esperó para morir.

Escuchó como su agresor bajó para dar el primer mordisco y, un alarido desgarrador, la hizo abrir los ojos. La piel del rostro se había desprendido como si le hubieran rociado con ácido, aquel ser se agarraba la cara mientras gruñía y se alejaba de ella.

¡Sal del bosque! –gritó Scott fuera de sí.

Alexia se alzó sin saber dónde le quedaban fuerzas y recortó la distancia que le separaba con la salida al exterior. Al hacerlo no vio nada más que a un hombre envuelto en un aura blanca. No sintió miedo, era como si aquel brillo la envolviera y la acunara. Sus piernas colapsaron y se dejó caer al vacío para caer en los brazos de aquel que la había salvado.

-¿Scott? –preguntó a oscuras, ya no podía ver y eso se trataba por que sus ojos ya no podían permanecer abiertos.

-No, mi nombre es Rem y ahora estás a salvo.


Todas las luces de su consciencia se apagaron de golpe.

6 comentarios:

  1. Madre mía, qué capítulo tan interesante!!! Me ha encantado!!

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  2. Que suspense Tania, me has tenido con el corazón en un puño. Con ganas de más!!!

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  3. Madre mía! Pobre Margot! Aunque la pobre protagonista... casi no lo cuenta, Umm Rem?? Y Scott?? Qué es Scott?? Ay quiero saber más!!!

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  4. Hay y ahora otra vez en vilo hasta el martes.

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  5. Bua chaval!! Tania genial, que sepas que he hecho fuerzas yo también para que corriera más!! Deseando el siguente

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  6. No puedes dejarnos así! El corazón se me va a salir del pecho!! Que capítulo más emocionante, he acompañado a Alexia en su carrera sintiendolo todo! Me encanta como escribes, espero novedades! Besos!

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