jueves, 6 de octubre de 2016

Conquístame si puedes: CAPÍTULO 2

Capítulo 2:

-¿Y el conjuro funcionó, abuela? – preguntó Izar.
–Es demasiado pronto para saberlo. La historia sigue su curso cariño mío.
Las pequeñas no tenían cara de tener sueño, volver a aquellos momentos era extraño, había pasado demasiado tiempo y aquella locura parecía no haber pasado. No se arrepentía de casi todo lo ocurrido y estaba segura que aquel conjuro había sido eficiente pero habían sido momentos muy alocados.
Ahora que abrazaba a sus niñas sabía que todo había valido la panea. Pobre del que quisiera dañarlas, la abuela que había en ella sería capaz de acabar con el pobre desgraciado que las tocara un único pelo.
–¿Cómo era papá?
Pensó en Aidan.
–Muy diferente al que conoces ahora.


Mirabella vio entrar en su pequeña casa a Alice y Morgana. Ambas estaban preocupadas por el mismo tema que le había arrebatado el sueño la noche anterior: el hechizo. Ya habían pasado tres días y nada había ocurrido. La reina Hellen pronto las haría llamar y no tenían nada que ofrecerle.
–Señoras estamos en un problema. – dijo mirándolas fijamente.
Ella asintieron, sí, lo estaban. La reina deseaba ver a su hijo casado y no había pretendienta a la vista.
Las pequeñas vástagas de Morgana entraron también, últimamente las pequeñas parecían haberse enganchado a su madre y no había otro lugar donde encontrarlas. Ellas no parecían preocupadas sino más bien todo lo contrario, estaban entusiasmadas con la idea de una nueva reina.
Una que no había llegado.
–Lo sabemos. Esperemos unos días más. –pidió Morgana.
¿Qué otra cosa podían hacer sino?
–Ella vendrá mamá, pero la llamada es tan lejana que tarda un poco más. –explicó Carolain.
La pequeña bruja parecía tener la respuesta que tres brujas experimentadas no tenían. Era como si hubiera visto a la mujer que habían implorado y se mostraba en calma. Estaba absolutamente convencida de los hechos que estaban a punto de acontecer.
–Claro cariño. –quiso reconfortar su madre sin creérsela del todo.
Alexandra caminaba por su casa observándolo todo, tocando cada libro antiguo que veía y mirando los viejos frascos que se amontonaban en las estanterías.
–¿Cómo es el príncipe Aidan? – preguntó.
Era algo difícil de contestar ya que apenas se dejaba ver, aquellas niñas habían crecido sin apenas tener que toparse con él.
–Es un hombre apuesto, fuerte. Hace unos años solía tener a todas las bellas damas de la corte suspirando por él. –comenzó a explicar su madre Morgana. –Justo, leal, un gran luchador, dulce…
Antes de poder seguir Alice la intervino bruscamente.
–Para el carro Morgana, no está muerto. Sólo con alguien fallecido se miente halagándolo tanto.
Morgana hizo diferentes aspavientos antes de contestar a su amiga:
–No quería decirle a mi hija que el príncipe es un ser egoísta, mal humorado y peligroso que deambula por el castillo en busca de pelea.
–De ahí a dulce hay un abismo. –silbó Alice.
–Señoras, tenemos que ir a hablar con Lady Hellen y explicarle la verdad. No sabemos si el hechizo ha sido del todo efectivo. –la voz profunda de Mirabella hizo que el resto de brujas de la habitación callara.
No era algo que deseaban hacer pero los días habían ido pasando lentamente y no había mujer que presentarle a la reina. ¿Se habían equivocado?

***

Los pasillos del castillo estaban en absoluto silencio. En el gran comedor se habían reunido muchos caballeros, damas y doncellas dejando el resto del lugar completamente vacío. Las tres brujas caminaban juntas en busca de la reina Hellen. Seguramente se encontraba en la biblioteca, ahí pasaba largas horas leyendo todo tipo de libros.
–Carolain se cree que vamos a cometer un crimen. –comento airada Morgana mirando a Alice.
–Y es mi culpa ¿por?
–Tú me hiciste decirle como es el dichoso príncipe.
Mirabella carraspeó obligándolas a dejar la conversación, el castillo no era el mejor lugar donde mantener una conversación como esa.
–Seguramente, en distancias cortar, milord Aidan no sea como explican. –trató de suavizar.
De echo ¿quién lo conocía realmente? Su madre y pocas personas más, un círculo tan minúsculo que les hizo sentir pena por el príncipe y la soledad autoinfringida que soportaba. Era distante con todos los que trataban de conocer un poco más su auténtico yo.
–Puede que sea un ser dulce y agradable. – se atrevió a decir Alice.
Giraron una esquina y las tres mujeres dieron de bruces contra el pecho de un hombre. Este gruñó y las apartó bruscamente únicamente para mirarlas de nuevo con una mirada furibunda. Las tres quedaron petrificadas ante aquella mirada de hielo, era el mismísimo Aidan.
–Mis disculpas Milord. –Mirabella reaccionó deprisa.
Él se limitó a gruñir y seguir su camino sin más.
–Sí, pura dulzura. –bufó Morgana.
–Querida, te quedaste corta describiéndoselo a tus hijas.
Las tres quedaron en silencio, únicamente se escuchaban los pasos de Aidan alejándose de ellas. Él era temible, en el reino habían aprendido a no toparse en su camino. Su maldición había sido tan poderosa que lo conocían en reinos lejanos.
–No sé si hemos hecho bien. –susurró Alice.
–¿A qué te refieres?
Alice señaló hacia el pasillo por el que había desaparecido el príncipe.
–Bueno, miradlo, no sé si la mujer que aparezca podrá con él.
–Señor, ¿qué hemos hecho? Pobre niña. –dijo Morgana.
Las tres se miraron, sí, ahora no estaban del todo seguras de si querían que su hechizo tuviera efecto.

***

Los crujidos de sus huesos ya no dolían, se había acostumbrado a la sensación de sentirlos estallar antes de volver a ser quien era. Su piel dura se volvió a su estado natural, empequeñeció hasta el gran hombre que era. Sintió el frío aire de invierno golpear su pecho, un gruñido gutural se escapó de sus labios al mismo tiempo que se tornaba humano. Sus pies dejaron de estar suspendidos en el aire y cayó en la repisa de su ventana perdiendo el control de su debilitado cuerpo y cayendo de espaldas en sus aposentos.
Su vista se tornó normal, los colores eran menos intensos y todo menos claro pero era su vista. Volvía a ser él mismo de nuevo. Y entonces comenzó el dolor.
Sólo cuando el cambio había pasado el auténtico dolor llegaba, su cuerpo quedaba demolido por los cambios. Sus músculos y huesos se tornaban a su forma original y eso era demasiado para soportarlo. Gritó aún cuando trató no hacerlo, giró sobre si mismo hasta quedar tumbado boca abajo en el suelo y clavó sus uñas en la madera que recubría la estancia. Notó la madera crujir bajo sus dedos y no le importó, eso era mejor que lo que le estaba haciendo su propio cuerpo.
Y segundos después todo cesó, quedando empapado en su propio sudor y sangre.
–¿Aidan? –la voz de su madre sonó preocupada.
–¡Vete! –su voz aún era más bestia que humana vio con horror como su madre se sobresaltaba y temblaba.
–No tienes que pasar por esto solo…
No quería escuchar, no deseaba que se compadecieran de él. Únicamente quería que lo dejaran solo, sin más compañía que su bestia interior. Necesitaba lidiar con la situación completamente en soledad.
Tomó una gran bocanada de aire, apenas era capaz de moverse y se sintió completamente inútil tirado en el suelo bajo la mirada piadosa de su madre.
–¡Desaparece!
La pobre mujer no pudo hacer mucho más por su hijo, asintió con la cabeza y, contra todo su corazón, cerró la estancia dejándolo solo.
Aidan respiró aliviado, dejó caer el rostro y su frente chocó sonoramente contra el suelo. Su respiración se tornó pesada y difícil de tragar. Entonces notó como un nuevo cambio llegaba a él. Negó con la cabeza tratando de luchar con esa fuerza invisible que lo hacía preso, se revolvió lentamente justo antes de que las convulsiones llegaran.
La bestia quería tomar el control de nuevo, salir y visitar del reino y pobre del que se cruzara por su camino.
No luchó, no se resistió mucho más antes de notar su cuerpo cambiar. Abrazó el cambio y se tornó en el ser más peligroso del lugar. Únicamente deseaba volver a sus aposentos sin sangre de inocentes en es sus manos.

***

–Mi hijo se está matando con cada nuevo cambio.
La afligida reina paseaba por la cocina sin rumbo fijo, aún temblaba por la imagen que había contemplado horas atrás. Su hermoso hijo, el que amaba con todo su ser… Lo había escuchado gritar y había ido a ayudarlo pero no estaba preparada para verlo en aquel estado.
Su hijo se retorcía en el suelo, peleando consigo mismo, envuelto en su propio sudor y sangre. Y no permitía que nadie lo ayudara. El corazón de Hellen se encogió hasta hacerse doloroso. Aquella maldición estaba a punto de acabar con su primogénito.
–Mi señora, estoy segura que su hijo está bien. Únicamente necesitará descansar un poco más cuando torne al castillo. –la voz de Aldara la reconfortó.
Era una de las damas de la corte, estaba casada con un conde y era una de las mujeres de confianza de la reina. Portaba un vestido largo amoldado a su figura de tonos rojizos como la sangre de su hijo. Era tan hermosa que muchos caballeros le habían ofrecido grandes dotes para casarse con ella cuando su anciano marido muriera. Sus cabellos dorados como el sol eran largos y sedosos, era la imagen de la dulzura personificada.
–No lo has visto, estaba completamente destrozado.
–Es un hombre fuerte. –explico convencida la dama.
Hellen agradeció el gesto.
–Para cuando vuelva le tendré preparado un gran banquete. –la voz de Lotha le hizo sonreír, era una cocinera estupenda y que tenía en alta estima a su hijo.
–Siempre tiene hambre ese granuja cuando vuelve de sus largas escapadas. –prosiguió al mismo tiempo que encendía el fuego.
Lotha poseía los mismos cabellos rojos que su hijo, era una mujer fuerte, manejaba su cocina con mano de hierro pero era la mejor cocinera del reino. Sus recetas eran todo un secreto y todos querían conocerlas. A pesar de su fuerza también era una mujer dulce y amable, y siempre había cuidado de Aidan a pesar de su maldición.
–Gracias.
–Tonterías, una reina no debería agradecer que sus vasallos cuiden de su hijo. –contestó modestamente.
–Pues esta reina lo agradece.
Aldara le acercó un vaso de agua, ella bebió. Eran tan serviciales con ella que no sabía cómo pagar sus cuidados.
–Deberíamos dar un paseo. Estirar las piernas puede ayudar a aliviar la mente.–propuso Aldara.
–Y el corazón. –acabó Lotha.
Estuvo de acuerdo con ambas y, dejando a la cocinera con su faena, se marchó con la dama de la corte a estirar las piernas. Necesitaba que el aire frío del invierno congelara un poco su corazón para evitar sentir tanto dolor.

***

Marie, la dama de llaves, comprobaba que las hijas del rey estuvieran impartiendo sus clases. La más pequeña, la joven Naylea era un torbellino de energía y debía ser vigilada a conciencia. Sus pies ya estaban cansados de deambular por el castillo, aquel lugar era mucho más grande que lo que ella hubiera deseado pero era un buen lugar.
Un gran estruendo al final del pasillo la hizo profesar un grito.
–¿Guardias? ¿Hay alguien ahí? –preguntó sin obtener respuesta.
El ruido había venido cerca de la biblioteca, un lugar que apenas se frecuentaba a excepción de la reina. Si nadie contestaba seguramente se debía a que había sido un gato el causante de todo aquello.
Se armó de valor y fue a echar al felino, que buscara ratones en otro lugar, caminó a paso ligero hasta llegar. Cuando giró justo para llegar al pasillo de la biblioteca lo encontró. No era un gato sino el hijo de la reina.
El príncipe Aidan apenas se podía mantener en pie. Completamente desnudo, trataba de agarrarse a las columnas del pasillo para poder dar algún paso.
–¡Virgen santísima milord! –exclamó horrorizada Marie al contemplarlo.
No portaba ropa alguna y todo su cuerpo estaba cubierto de grandes heridas que sangraban sin cesar. El pobre muchacho estaba soportando un dolor inimaginable.
–¡Hermano! –tras la dama de llaves apareció la traviesa Naylea, evidentemente se había vuelto a escapar de una de sus clases pero eso no importaba en aquel momento.
Quiso correr hacia su hermano pero Marie la detuvo cogiéndola del brazo.
–No mi querida princesa.
–Pero está herido.
El corazón de Marie se contrajo al ver el rostro afligido de aquella pobre niña. La princesa era un ser amable y de buenos sentimientos. Sus cabellos dorados abrazaban su rostro delicado, era como una pequeña ninfa del bosque, delicada como una flor. Sus ojos azules se inundaron de lágrimas, sufría por su hermano mayor.
Pero, por suerte, ella estaba allí para tomar control de la situación.
Aidan gruñó cuando su hermana hizo ademán de acercarse nuevamente.
Marie acunó el rostro de la muchacha e intentó hacerla entrar en razón, primero hizo que la mirara y luego le explicó la situación que ella no podía ver.
–Su hermano aún es más bestia que humano. Volved a vuestros aposentos, id con vuestra profesora. Yo me encargaré de él.
–Está tan herido.
La dama de llaves negó con la cabeza.
–No sufras más niña, yo me hago cargo.
La princesa finalmente aceptó y marchó a toda prisa por el pasillo. Marie miró al príncipe y se armó de valor, la habían criado como una mujer fuerte y ningún hombre iba a poder asustarla. Ni tan siquiera uno que se convertía en bestia.
Caminó hacia él haciendo oídos sordos a los gruñidos que él le profesaba. Cuando llegó a su lado, lo tomó por un brazo y se lo pasó sobre los hombros para que se apoyara en ella.
–Ya niño ya, vamos a tus aposentos.
Aidan no peleó, únicamente dijo:
–No-decir-reina. –su voz aún no era del todo humana y eso la estremeció.

–Tranquilo, Marie te guarda el secreto.


18 comentarios:

  1. Ohhh, qué interesante está, quiero más!! Me encanta mi personaje :)

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  2. Ahhhhhhhhh... Genial, que integra que será Aidan. Me encanta Lotha jajaja deseando seguir leyendo

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  3. Las brujas son buenas, pero es que Carolain se sale!
    Que lástima Aidan. Estoy deseando enterarme de que hizo el pobre para tener esa maldición. Y la pobre mujer que está por venir tendrá que lidiar con eso.

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  4. Oooohhh! Yo ya estoy super curada de espanto. Fantástico que intriga. Quiero saber más

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  5. Oooohhh! Yo ya estoy super curada de espanto. Fantástico que intriga. Quiero saber más

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  6. Bueno bueno si al final la ama a llaves será buena jajajaja, a ver que le ha pasado a ese muchacho para ser una bestia. Con ganas s leee más

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  7. Jajajaja, paranormal también por lo que veo. Pobre Aidan
    Me ha gustado, tengo ganas de saber más.
    Pronto
    besos

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  8. Que penita me da el pobre Aidan, tan solo e incomorendido. La dama de llaves y las brujas son la caña. Aysss y la hermanita un amor jajaja ¿Qué voy a decir? Con ganas de saber sobre la maldición y como sigue. Muy interesante chiqui.

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  9. Pobre Aidan, soportando una terrible maldición en soledad sin que nadie pueda hacer nada por él... el resto personajes, geniales!! :D Me encanta y deseando saber más :D

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  10. me encanta lo paranormal, y saber por qué tiene la maldición y quien se lo paso , deseando que llegue el siguiente capítulo .un besito

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  11. Ooohhh!!!! Un capítulo genial! Pobre Aidan. Qué ganas de saber el porqué de la maldición.
    ¡Besos!

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  12. Un capítulo genial!!!. Que personajes más chulos, jejeje, especialmente esa Mirabella.
    Me he reído y me has dejado cavilando. Con ganas de saber más

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  13. Un capítulo genial!!!. Que personajes más chulos, jejeje, especialmente esa Mirabella.
    Me he reído y me has dejado cavilando. Con ganas de saber más

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  14. Te superas con cada capítulo! Que lujo de personajes!

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  15. Wooohuuuu!!!!!
    Hay mi madre Aidan una bestia ???...
    Vaya capítulo...
    Eres genial

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  16. Wooohuuuu!!!!!
    Hay mi madre Aidan una bestia ???...
    Vaya capítulo...
    Eres genial

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  17. Vaya capitulo, necesito saber mas de Aidan y de esas dos pequeñas brujas que seguro que la han liado con el embrujo.

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Gracias por comentar en el blog.