viernes, 14 de octubre de 2016

Conquístame si puedes: Capítulo 4 (Segunda parte)

CAPÍTULO 4 Segunda parte:


Steve Marson era un idiota. Puede que Liam lo hubiera investigado y no tuviera antecedentes penales pero cenar con ese hombre era un crimen. En la media hora que llevaban en el restaurante no había parado de hablar de sí mismo y su brillante trabajo. Si seguía por ese camino hacia el final de la noche iba a necesitar a un abogado.
¿En qué pensaba su madre? Entornó los ojos y lo supo al momento: el estatus. Siempre buscaba hombres con el tipo de trabajo que ella creía triunfadores. Y la gran mayoría estaban como ella… locos perdidos.
–¿Saben ya lo que van a pedir?
“Cianuro.” –pensó Lisel.
Y para su sorpresa, el brillante forense pidió por los dos y no la dejó hablar en ningún momento.
–Una ensalada para compartir, para ella un bistec al punto y para mí el filete bastante hecho. Gracias.
El camarero se marchó y Lisel le dedicó una mirada mortal a su cita.
–Un detalle preguntar si eso era lo que quería comer.
Él le dedicó lo que ella supuso una sonrisa seductora y le explicó:
–Disculpa, es la costumbre. Hace muy poco que lo dejé con mi ex y ella siempre me dejaba tomar el control de todo.
–Seguro que te dejó pasmado cuando te dio la patada ¿eh?
Antes de que alguno pudiera decir algo más una mujer rubia entró en su campo de visión, no era que llamara demasiado la atención por su físico sino por la energía que desprendía. Era como si toda ella llamara a que la miraran.
Sus cabellos largos rubios estaban recogidos en una elegante trenza, sus ojos verdes resplandecían como dos hermosos faros. Aquella mujer emanaba una energía fuerte y suave a la vez, envolvente y atrayente.
–Lisel.
La joven tornó a la realidad al sentir la voz de su acompañante. Él la miraba como si le hubiera surgido de pronto otra cabeza, estaba convencida de que no estaba acostumbrado a que una mujer no babeara por todo lo que decía.
–Lo lamento, dame un segundo voy al baño.
Se levantó con urgencia, algo en el pecho dolía, buscó por la sala a la rubia que había visto minutos atrás y no la encontró. Fue como sentir que su estómago se le desgarrara, por alguna razón que no comprendía era de vital importancia encontrarla.
Caminó a toda prisa hacia la otra sala y la reconoció de espaldas, llevaba una carta en la mano y esperaba que le dieran mesa. Lisel quiso ser cuerda y no ir hacia ella pero cuando lo pensó se dio cuenta que estaba delante. Aquello era de locos, no la conocía y tampoco sabía qué decir exactamente.
–No hay necesidad de palabras pequeña Lisel.
“¿Cómo sabe mí nombre?”.
Sus ojos verdes le hicieron un ligero repaso y sintió que podía verla por completo, dentro y fuera. Fue como desnudarse ante una persona totalmente desconocida.
–Yo… la verdad es que no sé por qué…
“Porqué te sigo como una babosa.”
–Yo sí y lo comprenderás pronto.
Le tomó una mano y todo cambió, el peso del mundo cayó sobre ella. Sintió como sus piernas se tornaban de gelatina y apenas tenían fuerzas para sostenerla. Sorprendentemente aquella mujer fue capaz de mantenerla en pie solo con su toque.
–Te esperan grandes cosas Lisel Wood.
Un flujo de energía entró en ella haciendo que cada célula, poro y piel se quemara al momento. Luchó por gritar pero no hubo sonido, peleó por pedir ayuda pero su cuerpo se movió, finalmente, todo cesó. No pudo evitar cerrar los ojos y respirar aliviada. Para cuando los abrió ya no había nadie.
–Señora, ¿puedo ayudarla? –preguntó uno de los camareros.
Lisel confusa buscó a su alrededor.
–¿Ha visto por dónde se ha ido la mujer que estaba conmigo?
–Lo lamento pero usted ha estado sola todo el tiempo.
¿Cómo?
Aquello no era posible, la había visto y sentido.
El camarero preocupado la tomó del codo y la miró a los ojos preguntándole:
–¿Necesita que la acompañe a su mesa?
Se recompuso como pudo y negó con la cabeza, se disculpo y fue hacia la mesa donde ya habían servido la comida. Su cita no había tenido la educación de esperarla y ya había devorado parte de los platos. Desde luego aquel hombre era todo un partido, comprendía que estuviera aún soltero. Puede que fuera el forense más joven y que su atractivo le sirviera para tener citas pero el chico no sabía cómo tratar a una mujer.
–¿Todo bien? –preguntó Steve.
–Sí, no te preocupes sigue comiendo como si nada.
Se sentó en la mesa y miró su bistec. En realidad no tenía hambre, bueno sí pero no le apetecía eso. Ella quería una de las gigantescas pizzas que había visto pasar a las otras mesas pero que el dichoso forense no le había dejado probar.
Necesitaba huir.
Sí, ahora tocaba idear un plan. No debía ser difícil perderle la pista a un hombre que no veía mucho más allá de su propio reflejo, únicamente debía encargarse de quedar bien con él para que no se chivara a su madre de que no tenía educación y la loca de Carol estaría buscándole nuevo novio la próxima semana.
En aquellos momentos la idea de huir del país no le resultó poco atractiva, tal vez la próxima vez que Liam marchara a Manhattan le pediría que se la llevara con ella. Luego le diría al presidente que montase una muralla alrededor de la ciudad con francotiradores para impedir la entrada de su madre.
Volvió a su maravillosa cita, Lisel no supo entender qué hacía aún allí. Steve seguía hablando de sus casos, no tenía escrúpulos en contar las vísceras de sus últimos trabajos mientras masticaba un enorme trozo de carne.
–Estoy seguro que esto te parece interesante.
–En realidad no. No suelo hablar de muertos mientras ceno carne.
Steve se quedó petrificado unos segundos antes de reír.
–¡Menudo humor tienes! Tú madre ya me dijo que eras divertida.
“Sí claro, me estoy divirtiendo de lo lindo.”
Vio como echaba mano al bolsillo de su americana y sacaba un teléfono, el momento incómodo estaba a punto de pasar y aún no podía salir corriendo de allí. Normalmente, llegaba un momento en la cita en la que ellos le pedían el teléfono y ella les decía que no eran el idóneo, que no estaba pasando un buen momento y necesitaba espacio. Los hombres lo comprendían y Lisel volvía a la tranquilidad de su hogar.
Steve era más rápido de lo que ella había visto venir.
–Mira.
Le tendió el móvil y ella lo aceptó. En la pantalla había una foto que no supo comprender, se acercó el aparato más a la cara para tratar de descifrarlo y no fue capaz.
–Es un torso abierto, mi última autopsia.
Lisel sintió que la bilis se le subía a la boca. No pudo respirar unos segundos en los que le devolvía el móvil a su legítimo dueño.
–Fue un trabajo sencillo, murió de causa natural. –siguió hablando como si nada hubiera ocurrido.
Ignoró el echo de que la hermosa mujer que le acompañaba lucía más blanca que el propio mantel, poco le importó que se refrescó la nuca con el agua de su copa y las veces que se abanicó con su servilleta.
Cuándo recobró la normalidad Lisel explotó:
–¿Cómo puedes enseñarme algo así? No estoy acostumbrada a vísceras y casi vomito lo poco que llevo en el estómago. ¿Tan ególatra eres que me tienes que enseñar tus casos como trofeos?
Sintió un gran alivio cuando acabó, él no la había respetado y Lisel tampoco iba a perder el tiempo con un hombre que no podía ver más allá de sí mismo.
Lo miró a la cara en busca de algún tipo de reacción y, para su sorpresa, éste sonrió, se acercó a ella todo lo que pudo desde el otro extremo de la mesa y le susurró:
–Me ponen mucho las mujeres de carácter. Esta noche lo vamos a pasar bien.
“Ay no, eso sí que no.” –pensó desesperada.
Necesitaba huir.
Disimulando sonrió a Steve y volvió a comer de su plato, pocos minutos después suspiró frustrada por no tener un plan.
“Morirme sería una solución.”
“Pero entonces él me haría la autopsia y me luciría en su próxima cita.” –ante aquel pensamiento supo frenéticamente que debía correr lo más lejos posible.
–Ahora vuelvo, voy a retocarme el maquillaje.
Él tomó aquello como una invitación al sexo y le sonrió cómplice, Lisel no pudo más que notar un escalofrío por todo el cuerpo. Caminó tan veloz como pudo sin llegar a correr hacia el baño y entró, cerrando con pestillo. Era como si aquel trocito de metal fuera a salvarla del idiota del forense.
Dejó su bolso sobre el secador de manos y fue al grifo a refrescarse, necesitaba tomar el control de aquello y decirle la verdad a aquel hombre, que no iban a tener sexo y que era la cita más asquerosa que había tenido en años.
“Algo sorprendente por que mi madre se ha esforzado mucho en hacer citas inolvidables.”
Una corriente de aire la hizo temblar, buscó de donde venía aquella brisa y comprobó que el lavabo poseía una ventana sobre la taza del inodoro, una de un tamaño más que aceptable para que una persona cupiera.
“Soy libre.”
Sí, la solución a sus problemas estaba en aquella ventana. Si salía por allí y volvía a casa no iba a tener que darle explicaciones a Steve. Eso era mucho mejor que aguantar que tratara de convencerla de que iba a ser una noche inolvidable. Tomó su bolso y miró hacia su escapatoria.
Se subió a la taza y se agarró al marco de la ventana.
–Después de esto mi madre va a matarme. –se dijo a sí misma.
Con todas sus fuerzas se apoyó en la repisa y tiró de sí misma hasta subir a la ventana y quedar sentada. Bueno, no había sido tan difícil después de todo, no había mucho más que metro y medio de altura para caer a la parte trasera del restaurante. Era una calle cerrada donde aparcaban coches, un lugar perfecto para que nadie la viera huir.
–Vamos, ya queda poco.
Sacó una pierna, después la otra y quedó con todo su peso sobre el estómago en el marco de la ventana. Se agarró con ambas manos y se descolgó lentamente hasta tocar el suelo. El frío asfalto rozó sus tacones y sofocó un gemido. Estaba a un paso de un loco menos.
Soltó ambas manos y sus pies dejaron de tocar el suelo, de repente, y para su estupor, se encontró cayendo sin control en lo que le parecieron demasiados metros. Finalmente cayó de rodillas sobre algo más blando que el asfalto.
“El vino me ha afectado demasiado.” –pensó.
Abrió los ojos, no era asfalto lo que tenía bajo de sí sino arena. Ella no recordaba haber visto nada parecido antes de saltar. Levantó la vista y quedó petrificada.
El corazón iba a salírsele del pecho, por sorprendente que pareciera Lisel se encontraba en medio de un gran patio. Estaba rodeada de personas vestidas de formas muy extrañas, algo así como de época; todas la miraban con el rostro desencajado.
Se levantó aterrorizada, había pequeñas casas por todos lados, la gente que hasta hacía pocos segundos había transitado aquel patio se había detenido y arremolinado cerca de ella. Las miradas la hicieron temblar, ¿dónde estaba?.
Miró más allá de ellos y había una gran muralla pero lo mejor estaba ante sí misma. Un gigantesco castillo se alzaba orgulloso y hermoso, nunca había visto nada igual. Sus torres lucían unos caballeros con lanzas, que también la miraban, sus altos muros la hicieron sentir más pequeña de lo que era. Era un lugar colosal, hecho de piedra y a mano, una arquitectura perfecta e imponente.
–¿Dónde estoy?


14 comentarios:

  1. Ohhh que bueno jajaja que asco de tipo el forense... Por fin esta Lisel en el castillo 😘

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  2. ohh Lisel pobrecita con el forense, qué tío más asqueroso, jajajaja. Qué bien que ya esté en el castillo!!

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  3. Toda mi comprensión para lisel..
    Jajajajaja jajajajaja..
    Yo también querría escapar de semejante personaje.

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  4. Toda mi comprensión para lisel..
    Jajajajaja jajajajaja..
    Yo también querría escapar de semejante personaje.

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  5. Pobrecita que asco de cita con el forense, pero por fin esta en el castillo, ahora empezará lo bueno.

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  6. Que cita más desastroza! Un tipo horroroso y al final para rematarlo todo acaba en otro sitio jaja pobre Lisel a ver como supera todo eso!

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  7. Dios yo mato al tipo, le pateo los huevis y me piro, jajajaja, el momento caer en algo blando es lo mejor.
    besos

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  8. Ole ole oleeeeeeeee!!! Esto coge ritmo.... Que bien me gusta mucho esta historia. :)

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  9. Ese forense tiene un estómago que vamos... por favor que tipo mas egocéntrico... en fin, lo mejor, que Lisel se salvó de él y apareció en el mundo de Aidan!!! Me encanta!!!

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  10. Oh, genial, Lisel ya viajó en el tiempo. La pobre va a flipar en colores cuando se dé cuenta, aunque mejor vivir en el castillo con Aidan que soportar un minuto más a el impresentable ese! Pero quién sería la mujer que vio en el restaurante? Wow, ahora a ver qué pasa

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  11. Forense... A la hoguera!!! Que egoísta, sin crianza (que decía mi abuela) pero ay Lisel lo que te espera... de momento pronto en el castillo estara...

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  12. Pufff que tio mas pedante que se haga el solito una autopsia. Hay pobre Lisel ha caido como Alicia en el Pais de las Maravillas. Que ganitas de saber mas

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  13. La madre tiene una hostia en to lo alto (la cabeza jaja) que asco de forense ahi hblando de tripas cenando. Qué lástima de cita, menos mal que se fue si sigue le apuñala con el tenedor jaja me encantaaaaaa

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