miércoles, 19 de octubre de 2016

Conquístame si puedes: Capítulo 6

Capítulo 6:

–Espere un momento. –pidió Lisel.–Entonces, ¿estoy aquí por su culpa?
La reina Hellen asintió y ella sintió que el mundo se movía bajo sus pies. Tomó asiento en la cama de Naylea y respiró profundamente. En el último rato le habían explicado tantas cosas que no estaba siendo capaz de asimilarlo.
Por alguna extraña razón, la reina Hellen había pedido ayuda a sus amigas brujas, las cuales habían hecho un hechizo invocando una mujer para su primogénito. Y después de casi un mes de espera ella había llegado. Lisel venía de Londres y había ido a parar al castillo de Fothwind, para más sorpresa aquel lugar no encajaba con ninguno de los mapas actuales que ella conocía. Aquel país o continente no formaba parte de la Tierra que conocía. No sólo había cambiado de tiempo, sino que también de … ¿universo?
Suspiró agobiada llevándose las manos a la cara para taparse los ojos. Necesitaba un respiro o iba a explotar. Sino fuera porque todo su alrededor era absolutamente diferente no hubiera creído una única palabra. Estaba para que la encerraran en un psiquiátrico y se estaba dejando llevar por la locura.
–Lo lamento mucho, de haber sabido lo que mi decisión iba a provocar no lo hubiera hecho.
–Claro, buen momento para lamentarse madre. A Aidan le va a dar algo cuando se entere. –antes de poder acabar la frase, su hermana Naylea le golpeó en la cabeza para que cerrara el pico.
Thorn era especial pero se sentía a salvo con él.
­–Buscaré la forma de arreglar esto. Hasta entonces Lisel, espero que puedas ser paciente y adaptarte a la vida en este lugar.
Lisel no vio convencida a la reina pero ella no iba a perder la esperanza de volver. Era su casa y su familia, igual que había venido iba a encontrar la forma de volver. Hasta entonces debía hacer eso mismo, adaptarse a aquel lugar.
–¿Tendré que conocer a Aidan?
Todos quedaron en silencio, incluso Thorn. Lisel lo buscó con la mirada y no supo descifrar su gesto, era como si aquel tema fuera tan espinoso que era mejor dejarlo estar.
Naylea se arrodilló delante de ella y le tomó ambas manos, aquella mujer era tan hermosa que se sintió pequeña, insignificante ante una mujer como ella.
–Mi madre buscaba mujer para mi hermano porque es el sucesor del trono. En ningún momento la pondremos en el compromiso de casarla en contra de su voluntad. Hasta que encontremos una solución le aconsejo que no se cierre puertas. Salga, vea y disfrute el castillo. No le estoy pidiendo que vea a mi hermano como un pretendiente, pero tal vez disfruta de su compañía.
Thorn bufó sonoramente y se levantó del camastro para dirigirse a la puerta.
–¿Te vas? –preguntó ella desesperadamente, por ahora no se veía capaz de separarse.
Él notó lo que ella sentía y negó con la cabeza.
–Vamos, te mostraré un poco este lugar y no pensaremos en todo esto.
Lisel asintió y se levantó para irse con él, antes de hacerlo le sonrió a Naylea.
–Eres muy amable, por ahora haré eso. Ver el lugar y ya iremos viendo.
–Por supuesto. Los aposentos de al lado están vacíos, tal vez podría mandarlos preparar para vos.
Aquella niña era demasiado amable y dulce, el corazón de Lisel se sobrecogió. Era como si supiera que aquella mujer iba a ser una gran amiga en aquel lugar, asintió y lo agradeció. A Naylea se le iluminó el rostro al ver que ella había aceptado y eso le hizo preguntarse si aquella mujer se sentía sola.
–Yo iré a tratar el tema con mi esposo. Encontraremos una solución.
–Gracias señora.

***
–¿Por qué teméis a Aidan?
Thorn no supo contestar, se detuvo y la miró a los ojos. Su mirada decía mucho más de lo que, seguramente, sus palabras estaban a punto de decirle. Por alguna extraña razón hablar de ese hombre ponía en jacke a todos los que hablaban con ella. ¿Qué clase de hombre era?
–Él es peligroso, no tiene un carácter agradable. Tómelo como consejo: aléjese de él si ve que no está de buen humor.
–¿Puedes tutearme? No soporto tanta cortesía.
Él sonrió, era como entregarle una intimidad que ella no comprendía.
–Por supuesto, no hay problema lady Lisel.
–Nos solemos tutear en mi casa.
Su casa, todavía no había asimilado que estaba en un lugar lejano y Thorn se compadeció de ella. Y más pensar en el cometido por el cual había aparecido en Forthwild. Entraron en el gran comedor y todas las miradas se le echaron encima.
Vio como, con rapidez, ella se ocultó tras la espalda del príncipe.
–No puedo… -susurró comenzando a respirar agitadamente.
La tomó de la mano y la sacó de allí, no había reparado en el detalle de que las ropas de aquella mujer no concordaban con las de la época. Seguramente todos en el reino sabían de la llegada de Lisel y debía vestirla en sintonía con aquellos tiempos. Cuando entraron en la biblioteca vio como la muchacha se relajaba.
–Gracias.
–Te buscaremos ropa. Vas vestida como un hombre.
Ella miró sus pantalones y lo fulminó con la mirada.
–Machistas…
–Todos te mirarán si te dejo salir así.
Lisel asintió y se dio por vencida, era mejor pasar desapercibida que llamar la atención vestida con pantalones. Comenzó a dar vueltas por aquel lugar y pronto los nervios le pasaron factura, sintió una pesada losa sobre sus pulmones y todo comenzó a darle vueltas. Suplicó sin palabras no hundirse allí pero no pudo hacer otra cosa que dejarse caer.
Cuando Thorn vio que la joven se desmoronaba odió a su madre. Únicamente por casar a un hijo había destrozado la vida de otra persona. La ayudó a sentarse en una de las sillas y trató de reconfortarla, la abrazó con dulzura y dejó que toda ella se dejara caer sobre su pecho.
–Buscaremos una solución. De verdad. –prometió.
Lisel no fue capaz de mediar palabra, comenzó a temblar y llorar, todo el peso del miedo, la incertidumbre y aquella situación dio lugar a que se viniera abajo. Él dejó que se desahogara, no le pidió nada, únicamente que llorara, que se dejara llevar por esa maraña de sentimientos que la estaban engullendo. La acunó y balanceó con calma, como su madre había hecho en antaño y él había agradecido.
–Perdona. –hipó ella.
–No estás viviendo la mejor de las situaciones. Es normal.
Tras un silencio incómodo, Lisel recobró la compostura, se secó las lágrimas y se atusó la ropa. Estaba ante un completo extraño y, al mismo tiempo, sentía que lo conocía desde hacia demasiado tiempo.
–Gracias por cuidar de mí.
–Parece que lo necesitas.
–Un poco. –reconoció ella.
El estómago de Lisel la traicionó y rugió sonoramente.
­–Vamos a comer algo o siento que me vas a devorar.
Su mirada pícara hizo que la muchacha riera, aquel hombre era peligroso y demasiado astuto.

***

Su nueva habitación era enorme, bueno, en realidad era una alcoba. Las últimas horas había aprendido demasiadas cosas. La primera era que Thorn era un peligroso mujeriego, no había habido mujer que no le hubiera sonreído e invitado a pasar un buen rato. Él no había aceptado y la había estado cuidando todo el rato, algo que agradeció tremendamente. Había cenado algo de queso y pan, nunca le había parecido nada tan bueno en mucho tiempo.
Al final, Naylea la había mandado llamar para mostrarle su nueva alcoba. Su camastro era mucho más grande que la cama individual que tenía en su pequeño apartamento en Londres. De echo, toda su casa cabía en aquella habitación, era algo descomunal. Tenía un armario plagado de vestidos que la princesa le había regalado, únicamente esperaba caber allí.
Se acercó a la cama y el montón de pieles que había encima la asombró, si que debían de ser fríos aquellos lugares. Se sentó en medio de la cama y echó de menos cosas que tenía en su casa. No había nada moderno y extrañaba la luz.
Aunque, en aquellas horas mataría por un baño caliente, de fondo música relajante y después una película con palomitas. Aquel mundo era muy extraño.
–Espero volver a casa pronto. –miró al cielo y dijo: –Por favor, aunque mi madre me tenga ocupada con citas el resto de mis días.
Un sonido sordo fue lo que obtuvo como respuesta, un golpe en su ventana que hizo que saltara como un resorte de su cama. Un segundo crujido hizo que comenzara a temblar. ¿Había alguien en la ventana?
–¿Hola?
Era como si alguien caminara por la pared exterior de su alcoba, se había entretenido en su habitación y luego había seguido su camino hacia arriba.
Tenía el corazón encogido y latía tan rápido que sintió que iba a desmayarse allí mismo.
“Duérmete de una vez, en estos tiempos deben ser normales los ruidos.” –pensó.
Se escondió debajo de dos mantas y trató de cerrar los ojos y no pudo. Dio un par de vueltas y no hubo postura alguna con la que descansara su cuerpo. No sabía si se estaba volviendo loca pero no dejaba de sentir el causante de aquellos crujidos.
“No te metas en líos Lisel, sigue en la cama. Mañana le preguntas a Thorn.” –debía seguir en la cama, iba a dormir y mañana sería otro día.
Entonces ¿qué hacia acercándose a la ventana? Debía resistir a la curiosidad… sabía que debía hacerlo pero no fue capaz. Miró por el cristal y no vio nada, se sintió decepcionada, tanto ruido y seguramente había sido producto de su imaginación. Estaba tan loca como su madre.
Estaba a punto de abandonar toda búsqueda inútil de sombras imaginarias cuando aquello volvió a la carga. Un rugido cruzó el aire y eso le indicó que no se estaba enloqueciendo.
Cogió el metal que cerraba la ventana y tiró de ella, no se movió nada. Poniendo el pie en la pared hizo impulso y volvió a intentar abrir. El cristal cedió entre sus manos y ella cayó al suelo de culo.
“Suerte que nadie mira.”
Se asomó por la ventana y no vio nada pero estaba decidida a saber qué era aquello. Era como si todas sus células le pidieran que corriera a averiguar qué era aquel misterio.
–No voy a mirar abajo. –se dijo.
Salió a la cornisa y miró hacia arriba, apenas habían unos metros para llegar a la cima de la torre y verlo todo mucho mejor. De esa forma, encontraría solución a aquel misterio que le robaba el sueño.
Se agarró a las piedras de la pared y se aseguró que estaban bien colocadas, seguramente aguantarían su peso. No supo predecir si se iba a caer al vacío pero un nuevo rugido le aceleró el corazón.
Ahora sí necesitaba saber qué era aquello.
Escaló la pared con fuerza, tratando de no mirar abajo por nada del mundo. Al mismo tiempo, evitó dar un traspié, aseguró cada movimiento que realizó con sumo cuidado. Pesaba mucho más de lo que se pensaba.
–Me voy a poner a dieta. Estoy gorda, me pesa el culo. –se rió de sí misma.
Cuando quedaban unos centímetros para llegar arriba los ruidos se volvieron más fuertes. Era como un gran animal golpeando con sus garras la dura piedra.
Llegó arriba y se asomó con cuidado por una de las piedras que faltaban, para su sorpresa no encontró nada. ¿Cómo era aquello posible? Con rapidez acabó de subir y entró en la cima de la torre. Miró a su alrededor y no encontró nada.
–Si te he sentido. –susurró decepcionada.
Había escalado una gran pared aún a riesgo de morir por un ruido imaginario. Ella lo había sentido tan real y feroz que había sentido la imperiosa necesidad de descubrir lo que era. Al final, había resultado que únicamente había sido producto de su imaginación.
–¡Joder! –exclamó enfadada consigo misma.
Miró el camino que tenía hacia abajo y sintió vértigo, no iba a ser capaz de volver a bajar. ¿Todo aquello había subido sin cuerda alguna?
Buscó la puerta y rezó por que fuera la solución a su problema pero al llegar se la encontró cerrada. Desesperada la golpeó con las palmas de las manos y bufó.
–Fantástico.
Dada la situación únicamente le quedaba bajar, no iba a congelarse en aquel lugar. No había sido hasta aquel momento que había comprobado lo bajas que eran las temperaturas. Tenía los tejanos pegados a la piel y tan fríos que se sintió helada.
Se acarró a la cornisa y sacó una pierna, mirar hacia abajo la hizo temblar, no se sentía tan valiente para descender el camino que había subido tan velozmente.
–Voy a matarme.
Fue a pasar la otra pierna y una gran figura negra subió a toda velocidad hacia ella, con rapidez Lisel se tiró al suelo de espaldas y una feroz ráfaga de viento le hizo golpear la cabeza contra el suelo.
Aturdida abrió los ojos y comprobó horrorizada como una gran bestia volaba hacia ella. Quiso moverse pero ella fue mucho más veloz. Únicamente logró quedar sentada debajo de un poderoso y gigantesco monstruo, el cual le gruñó.
Tenía cuatro feroces patas acabadas en sanguinarias garras, era mucho más alto que lo que le alcanzaba la vista. Se confundía con la noche oscura y no pudo ver con claridad todo lo grande que era. Todo su cuerpo estaba cubierto de escamas rojas tan brillantes que sintió que irradiaban luz propia.
Un gruñido la hizo caer de espaldas y quedar totalmente tumbada a merced de aquella cosa.
Lisel miró asombrada el largo cuello de aquella bestia, su cara era grande y sus fauces abiertas la revisaron completamente, era como si aquella cosa la estuviera olfateando. Sus ojos azules la miraron y se sintió petrificada, eran los ojos más hermosos que había contemplado jamás y estaban encendidos. Era como si viera a través de ella.
Batió sus grandes alas y se alejó unos metros dejando que ella se incorporara y se pusiera en pie. Entonces, pudo contemplar su majestuosidad y lo hermoso que era.
–Eres un dragón… -dijo con sorpresa.
Este gruñó y Lisel tuvo que hacer uso de todas sus fuerzas para no caerse al suelo.
–Nunca había visto a uno de los tuyos en persona. Eres precioso. –dijo asombrada.
Al parecer, él no opinaba lo mismo porque toda la torre se movió al mismo tiempo que gruñía.
–No tienes buen carácter ¿eh? –sin embargo aún no la había engullido. –Me llamo Lisel, soy nueva por aquí.
Al parecer el miedo la dotaba de verborrea y no podía permanecer en silencio.
Un fuerte ruido tras ellos hizo que la bestia alzara el vuelo y buscara a su presa. ¿Habría más como él? Trató de buscar algo más pero la oscuridad de la noche no la dejó. Quiso volver a ver aquel hermoso dragón y, antes de ser consciente de lo que ocurría, alguien tiró de ella fuertemente entrándola en la torre.
Quiso gritar, golpear y patear pero alguien la inmovilizó con su cuerpo y le tapó la boca con una mano, amortiguando los gritos. Pasados unos segundos, Lisel vio que era Thorn, lo miró sorprendida y él hizo un gesto de que permaneciera callada.
Sintieron al dragón olfatear la torre durante unos segundos y alzar el vuelo perdiéndose en la noche.
–¡¿Qué haces?! –exclamó enfadada en cuanto volvió a ser libre.
–Salvarte de ser la cena de la bestia.
–¡No iba a comerme! –gritó.
Él la miró sorprendida y sintió vergüenza de su comportamiento.
–No conoces a ese monstruo, es peligroso y no serías la primera que asesina a sangre fría. Mantente todo lo lejos que puedas de él. Cierra las ventanas y la puerta bien antes de ir a dormir. Y, por favor,  no vuelvas a ir en su busca nunca más o celebraremos tu funeral.
–Era un dragón... -se dijo a sí misma sorprendida. 
Es una de sus formas, espero que no te lo encuentres de ninguna de las dos. 
Lisel sintió miedo de sus palabras. Había estado ante un dragón, un ser mitológico que se creía que jamás había existido. Y lo llamaban bestia.


14 comentarios:

  1. Que lástima que Lisel no haya podido averiguar más sobre el dragón, espero Que llegué llegué enamorarse a él. Esperando el siguiente.

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  2. Hay mi madre puede tener tres formas !!!! Me he quedado ojiplatica....
    Y ahora toca esperar para el próximo capítulo.. tu lo haces a propósito más cortos....🤔🤔🤔🤔🤔

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  3. Hay mi madre puede tener tres formas !!!! Me he quedado ojiplatica....
    Y ahora toca esperar para el próximo capítulo.. tu lo haces a propósito más cortos....🤔🤔🤔🤔🤔

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  4. Que chulo, lástima que Thorn se metiera 😜 Como dijo ella, todavía no la había comido. Pobre Aidan, que mal considerado está.

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  5. Que bonito!!!! Ese contacto de ojos ha sido brutal, jejejeje.

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  6. Así que tres formas, mmmm, muy interesante. Mira Thorn que meterse por medio, ainsss

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  7. Ohhhh. Que momento. Me encanta. 👏👏👏
    Has conseguido que me enamoré del dragón de Aidan. ;)
    Por cierto, Thorn tuvo que intervenir, maldito!!!
    Más quiero más.
    Besos.

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  8. Oleeee, me gusta que Aidan sea in dragón!! Molaaaaaa y quiero saber más..

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  9. Guau!! Un dragón, Aidan es un dragón!!! Me encanta, ese Thorn ahí siempre en medio, que no la iba a comer hombre!! (bueno, eso supongo jajaja) me encantó en serio, quiero más jajaja

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  10. Me encanta!! Genial!! Es que no puedo decir más jajaja Bueno sí, que haya otro encuentro entre Lisel y Aidan :D

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  11. Que bonito cuando se ve con el dragón. Me ha gustado mucho!

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  12. Que bonito cuando se ve con el dragón. Me ha gustado mucho!

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  13. Ohhhh ya se ha enamorado. Un dragón con lo que me gustan a mi, seguro que es super buena persona, no se puede ser malo siendo ese animal tan bonito. Quiero mas yaaaaa

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  14. Que valiente Lisel! Me encanto el encuentro con el dragón!!!

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Gracias por comentar en el blog.