Conquístame si puedes: Capítulo 14

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Capítulo 14:

­–¡Vikingo! ¡Neandertal! ¡Bájame ahora mismo! –gritó Lisel fuera de sí.
¿Cómo se atrevía? No podía creer que aquel hombre le estuviera haciendo algo semejante. La había cogido, sin avisar, y la había cargado sobre sus hombros como si de un saco de patatas de tratase.
–¡Aidan! ¡Bájame ya!
Y él obedeció al instante. Cuando sus pies tocaron el suelo se sintió algo mareada, trató de hacer consciencia de donde estaba. Durante el camino no había podido fijarse a donde la llevaba, estaba en sus propios aposentos.
Él estaba rebuscando en su armario, ignorando que la había dejado allí y lo furiosa que estaba.
Caminó hasta él y lo tomó de un hombro para girarlo hacia ella y la mirara a la cara.
–¡¿Cómo te has atrevido?!
Aidan la miró como si ella fuera la loca, como si fuera más que evidente lo que él había hecho. Sus actos no tenían ni pies ni cabeza, el corazón de Lisel amenazó con escapársele del pecho pero iba a tener tiempo suficiente para asesinarlo antes.
–Estabas desnuda en medio del castillo, bajo la mirada de todos.
–Sí y no necesitaba tu ayuda.
Lo vio negar con la cabeza y le tendió un vestido azul, ella hizo una mueca, no le gustaba aquella dichosa prenda pero iba a tener que ponérsela, no tenía más remedio. Lo tomó en sus manos y siguió yendo a la yugular de Aidan.
–¡No tenías derecho a cogerme, a traerme aquí y obligarme a vestirme!
Entonces, él miró su cuerpo, sus ojos parecieron iluminarse ante aquellas vistas y Lisel sintió que estaba demasiado desnuda para poder seguir con aquella charla. Saltó tratando de cubrirse con aquel vestido.
–¡Gírate!
Pero no tenía esos planes, le pegó un pequeño bufido y se abrió de brazos, no pensaba darle un poco de espacio.
–Al parecer no necesitas intimidad, si ya te has ido paseando vestida así.
No se había sentido tan avergonzada nunca. Rápidamente se metió en ese trozo de tela y dejó que se ajustara en sus curvas, una vez logró colocarse bien las mangas tuvo que reconocer que aquel vestido era muy ligero y agradable. Se miró lo que pudo sin espejo y comprobó que era más bonito de lo que había esperado. No estaba dispuesta a encerrarse en aquella arma terrible que llamaban corsé pero el vestido no estaba del todo mal.
Bien, ahora ya estaba lista para seguir donde lo habían dejado.
–¿Satisfecho?
Asintió y eso hizo que ella tuviera ganas de estrangularlo lentamente.
–No tenías derecho, estaba negociando con tu madre.
Y todo cambió, Aidan se volvió oscuro y sombrío. Avanzó lentamente, de una forma tan aterradora que ella no pudo más que quedarse congelada en el sitio. Aquel hombre llenó su espacio de forma abrumadora, como si tuviera el poder de someterla a su voluntad. ¿Dónde estaba su genio?
–Tengo el derecho que me apetece. Soy el príncipe y, al parecer, el futuro rey. Puedo obrar a mi antojo.
Era como si le hubiera tomado todo el aire, aquel hombre era demasiado intenso.
–Yo decido como me visto.
Y él le regaló una rápida sonrisa.
–No, si vas a dejarte ver así de desnuda no.
–Como si fueras a mandar sobre mí.
Aidan tomó su barbilla y se la alzó unos centímetros al mismo tiempo que Lisel le miraba a los ojos. La tensión en aquello momentos fue demasiado, como si no pudiera siquiera soportar su cercanía.
–¿Quieres ponerme a prueba?
–No… -susurró ella.
Se sintió derrotada, como si le hubiera dado el poder a aquel hombre. Aquello la enfadó tanto que reaccionó al instante. Lo empujó fuertemente y él retrocedió unos pasos, los suficientes como para que ella tomara el control de sus acciones y volviera a la carga.
–Además… ¿a ti qué más te da? Fui a hablar contigo y te negaste.
El rostro de él se tornó serio, sí, ambos recordaban bien cuando ella había estado hablando en su puerta y no había salido a dar la cara.
–Te crees con autoridad después de que me dejaras hablando con un trozo de madera, que puedes ser mi dueño y decirme cómo me visto. Me escuchaste ¿verdad? –en realidad no era una pregunta porque sabía bien la respuesta.– Y no te importé nada, no saliste, no dijiste una sola palabra.
–¿Y qué querías? ¿Que te consolara?
Su tono despectivo encendió más su carácter.
–Únicamente vine a decirte que no te sintieras culpable por tirarme por la ventana. Por suerte no resulté ni herida y mucho menos muerta.
–Eso lo provocaste tú. Te metiste en medio de dos hombres peleando, una discusión que encendiste tú con tus llantos de niña. Thorn puede que sea mi hermano pero con tal de meterse entre las piernas de cualquiera mujer que respira haría cualquier cosa. ¡Incluso pelearse conmigo! ¿Lo hicisteis después a modo de celebración?
La bofetada sonó tan fuerte que Lisel creyó que se acababa de romper la mano, no había tenido tiempo para pensar que ya le había golpeado fuertemente.
–No eres más que un capullo engreído. Hablan fatal de ti y me he fijado que las personas huyen cuando estás cerca y no me extraña.
Él se volvió hacia ella lentamente, con un músculo palpitante en su barbilla. Estaba enfadado.
–No sabes nada de mí.
–¡Ni quiero! ¡Deja que haga con mi vida lo que quiera! Y si deseo pulular por el castillo desnuda te aguantas y haces como sino me ves.
Eso había sido como otro golpe, uno que únicamente había sido con palabras. Aidan retrocedió asintiendo con la cabeza y Lisel pudo pensar con claridad. ¿Cuándo se había descontrolado aquello? ¿Cómo había podido pasar algo semejante? ¿Qué hacía en sus aposentos discutiendo con un príncipe?
–Lo siento. Pero soy dueña de mi vida, no puedes ignorarme un momento y luego comportarte como un bárbaro echándome sobre tu hombro y pidiendo que me vista.
Esperó alguna contestación, que él reaccionara de alguna forma. Que dijera cualquier cosa pero permaneció en silencio.
–Por favor, di lo que sea. –suplicó, estaba al borde de un infarto.
Pero la castigó con su silencio.
–¡Arg! –bufó enfadada– No es excusa pero estoy fuera de mi entorno. Este no es mi mundo, no son mis reglas. Sé que debo vestir distinta, que debo hablar de otra manera pero comprende que toda yo debo cambiar y que me es difícil. Siento que me voy a perder en el camino.
El silencio la tenía de los nervios, aquel hombre era tan obtuso que quiso tirarle el primer candelabro que había a mano.
***

Aidan trataba de controlarse, Lisel era realmente diferente y comprendía lo fuera de lugar que podía llegar a sentirse. No tenía justificación para sus actos, la había cogido y la había llevado a sus aposentos pero en aquellos momentos no había pensado en nada mejor. No soportaba la idea de que todos los guardias, mujeres y Thorn miraran su desnudez.
–Lo comprendo. –dijo finalmente.
Parpadeó perpleja.
–¿Cómo dices?
–Comprendo tu situación y te pido disculpas. Pero, por favor, trata de estar vestida a partir de ahora.
Un tono rojizo adorable iluminó sus mejillas, al parecer debajo del mal carácter había una mujer tímida. Tal vez, eso fuera un mecanismo de defensa, en honor a la verdad él tenía también los suyos propios.
–Lo haré. Estoy tratando de adaptarme. De verdad.
Aquello le hizo pensar como si tuviera delante a una niña disculpándose por una travesura.
–¿No quieres saber nada de mi? –preguntó divertido.
–No quiero saber nada del príncipe bárbaro que me carga sobre sus hombros. Tampoco del que gruñe y me asusta.
–No sé si hay otro príncipe detrás.  –comentó sinceramente.
Lisel arrugó un poco su vestido con las manos, era vidente el nerviosismo de la muchacha. Tenía muchas facetas, ya no era la agresiva de momentos antes.
–Pues quiero conocer a Aidan. Únicamente a él, sin príncipe, sin ser el hombre oscuro y que todos temen.
¿Quedaba algo de ese hombre?
Era mucho más difícil de lo que ella pensaba, los secretos que cargaba en la espalda pesaban como grandes losas que le privaban de respiración. Una vez había sido un hombre distinto, antaño, cuando todo había sido diferente. Cuando la bestia no estaba en su vida ni en su cuerpo.
–No puedo prometerte nada.
–Ni yo.
Lisel sonreía.
Sí, tenían puestos en ellos unas esperanzas que carecían de sentido. Un hechizo absurdo la había traído a su mundo y sólo por eso debía convertirse en su esposa. Era demasiada presión, como si estar juntos diese esperanza a algo.
Pero el final ya estaba escrito, él seguiría siento bestia, el peligroso y el capaz de asesinar sin escrúpulos y ella retornaría a casa con su familia.
Ambos asintieron como si sellaran un trato o firmaran algún tipo de contrato. Era una declaración de intenciones, pretendían no ser ellos mismos. No ser la pareja que todos decían que debían de acabar juntos, únicamente dos desconocidos que trataban de conocerse.
–Me presentaré: Mi nombre es Aidan.
–El mío Lisel.
Ella tendió la mano y él la estrechó, antes de soltarla la señaló comentando:
–Bonito vestido.
Lisel bufó tan fuerte que no pudo evitar echar la cabeza hacia atrás y reír. Fue entonces cuando recordó que hacía años que no lo hacía, sentaba bien ser otro unos pequeños instantes para volverse la bestia.
–Debo irme.
–Bien, ya nos veremos.

Sí, y el sentimiento que creció en su pecho fue difícil de explicar.



15 comentarios:

  1. ohhhh, me ha encantado!!!! Muy buen capítulo!!

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  2. Que bonito por fin han hablado, viva el amor jajajaj

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  3. precioso, quiero mas de ellos. me encantan

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  4. Bueno, pues ya estoy de aquí. Me ha gustado el capítulo. Ese momento de comenzar a hablar y hacer las paces. Ojalá hablen en algún momento... Se echa de menos al dragón. Besos

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  5. Jajajajaja..
    Me encanta esa chispa que hay entre ellos.
    Esperando al siguiente capítulo

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  6. Ay mi parejita tan linda!!! Al final las ideas de la reina sirven para algo jajajaja me encantó!!!

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  7. Oooooohhhhh pero que bonito! 😍😍😍😍😍❤️ Me encanta!

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  8. Ohhhh me encanta �� �� ��!! Me encanta ese toque vikingo de Aidan jajajaa ya era hora que empezará a mostrar sus sentimientos

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  9. Los amo, los quiero, los adoro, exquisito tentador e irresistible y ese principio que risas, me he reído mucho

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  10. Me encantan ellos! Los adoro!! Por fin Aidan esa sonriendo y todo gracias a la loca forasteros!!

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