jueves, 24 de noviembre de 2016

Conquístame si puedes: Capítulo 16

Capítulo 16:

El primer grupo de aprendices lo formaban las reinas Hellen y Luna y Mirabella. Ambas mujeres estaban emocionadas con el reto, les había dejado que decoraran el pasillo que daba al gran salón, era un corredor largo, ancho y, en aquel momento, bastante oscuro.
–Luz, necesitamos mucha iluminación. –dijo Luna.
Las dos mujeres miraron a la bruja y ésta sonrió.
–Adelante. Ya pueden empezar.
Hellen dudó mirando su varita pero la otra reina se lanzó, hizo un movimiento muy teatral con la con la varita.
–Luz, por favor.
Y el pasillo comenzó a iluminarse como si estuvieran en el exterior. Ante la explosión de luz Mirabella usó sus manos para hacer atenuar los rayos.
–Mejor así. –respiró aliviada y las tres abrieron los ojos.
–Lo lamento. –se disculpó Luna pero ella no le dio importancia.
Los errores eran algo usual en las clases de aprendizaje, era un error pequeño en comparación con algunos con los que se había topado.
Siguieron probando su magia, su intención era llenar de guirnaldas, lazos y flores aquel pasillo. Las dejó hacer, era bueno equivocarse y rectificar, tenían ganas de hacer aquello y le parecía increíble que dos personas de la realeza se hubieran apuntado a su pequeño experimento.
Tras unos minutos de risas, de aciertos y errores Aidan apareció en el pasillo. Su aspecto serio, negro y peligroso hizo que todas dejaran lo que estaban haciendo y se lo quedaran mirando.
–¡Oh, Aidan! Hacía mucho tiempo que no te veo. Dichosos los ojos. –Luna halagó al príncipe, el cuál no se inmutó.
Hizo una leve reverencia y saludó a las presentes.
–¿Puedo saber qué hacéis?
–Magia. –sonrió pletórica.
Y el rostro de aquel hombre lo dijo todo: “huye”. Mirabella tuvo que reprimir no reírse ante aquel rostro tan cómico y esperó que pudiera salir airoso se aquella situación.
–Si me disculpan tengo asuntos que atender.
“No eres demasiado astuto muchacho.” –pensó la bruja.
La reina Hellen no estaba dispuesta a dejarlo estar. Se puso ante su hijo primogénito y lo amenazó con la varita.
–Madre… -advirtió Aidan con un leve gruñido.
–Quiero que seas más dulce y achuchable. –y la magia britó de ella como si lo hubiera hecho toda la vida.
Su hijo se iluminó y el resultado fue demasiado para poder soportarlo, el cabello de Aidan se había vuelto corto y llevaba pegado un lazo azul cerca de la oreja derecha. Mirabella se agarró el estómago y se mordió el interior de las mejillas para no reír, no era bueno enfadar a alguien así. Además, ya no había cicatrices en su cuerpo, todas ellas habían desaparecido.
–¡Cariño! ¡Estás hermoso!
El príncipe se llevó la mano al pelo, su rostro fue de auténtico shock al notarse el pelo corto, su larga y preciosa melena pelirroja había desaparecido. Se arrancó el lado y se lo entregó a su madre.
–Te agradezco la ayuda pero mejor que sigas decorando el castillo.
Sí, finalmente ninguna de las tres mujeres pudo soportar el ataque de risa, las tres siguieron riendo a carcajada llena. Nunca se hubieran imaginado al príncipe portando un lazo, era propio de los bebés recién nacidos y no de los hombres hechos y derechos.
Aprovechando el momento que estaban distraídas, comenzó a caminar rápidamente para alejarse de aquellas mujeres. Antes de que desapareciera de su vista Mirabella hizo que todo su físico se tornara igual que siempre.
–Gracias. –dijo sin girarse.
–¡Corre muchacho! –comentó Luna.

***
El segundo grupo estaba formado por Lotha, Aldara y Maira. Ellas, habían decidido ir por los pasillos que daban a los aposentos para comenzar a decorar. Todo el Castillo de Eneor debía relucir hermoso.
–Yo creo que unas pieles rojas harían del lugar algo muy elegante y sofisticado.–Maira agitó su varita y una moqueta cubrió todo el suelo.
Los guardias apostados en las habitaciones de las pretendientas las miraron con cierto miedo, era como si no pudieran comprender qué estaban haciendo. Además a pesar de adivinar el siguiente movimiento no fueron capaces de huir.
–Señores, les quiero elegantes. –el poder de Lotha hizo que unas pequeñas luces como purpurina envolvieran al primer guardia y lo vistiera como una mujer.
El pobre hombre miró sus ropas y luego a las mujeres.
–Devuélvame mi ropa. –exigió enfadado.
–Yo lo haré. –Aldara quiso ayudar y sus ropas desaparecieron, exponiendo un sexy y musculado cuerpo a la luz.
El pobre hombre se tapó sus partes nobles ante la mirada expectante de las mujeres. Ellas, sin embargo, tras el asombro inicial, decidieron recrearse en la vistas y disfrutar.
–A mí me gusta más este modelito. Deberíamos hacer que todos fueran vestidos igual. –sonrió Maira.
–Así nuestra profesora vería carne, que hace demasiado que no cata varón.
–¿Y cómo sabéis vos semejante cosa? –preguntó sorprendida.
Lotha se abrió de brazos asintió como si fuera obvio.
–Soy la cocinera de este lugar. Las mejores conversaciones tienen lugar comiendo y no he oído nada sobre vos.
Maira hizo un pequeño puchero antes de mirar de nuevo al guardia.
–Tal vez con vos pueda romper mi mala racha. Yo te vestiré guapo. –y sus ropas volvieron a estar sobre su piel.
Aldara le dio un suave codazo y preguntó:
–¿Cómo es posible que a vos os salgan bien los hechizos?
–He sido buena alumna. –sonrió pletórica.
Las mujeres continuaron caminando dejando al pobre hombre ante la puerta de la princesa Sarah y siguieron su ruta. Tenían mucha faena que hacer. Antes de girar el pasillo y dejar de verle Maira echó la vista atrás y le lanzó un pequeño beso.
–Búscame.
–¡Maira estáis desatada! –rio Lotha.
Continuaron la ruta, tratando de adornar todo lo que encontraron a su paso. En uno de los hechizos miles de burbujas llenaron el pasillo y ellas no pudieron más que atravesarlas corriendo en busca del aire que les faltaba.
Miraron donde estaban y habían llegado a ala donde estaban los aposentos reales. Entre ellos el de una Lisel que salía de su habitación. Las aprendices sonrieron y se miraron de forma cómplice, sus mentes funcionaron como una sola.
–H…hola. –titubeó la muchacha.
–No nos temas querida. Queremos ayudarte. –sonrió Lotha.
El semblante de Lisel les indicó que no se las creía ni un ápice.
–¿Qué quieren de mí?
–Un precioso vestido para la mujer que debe ser la más bella del baile. –conjuró Aldara y sus ropas se tornaron en un pomposo vestido morado que no le favorecía en absoluto.
–¡Oh dios! Así no se la mirará ni el bufón de la corte. –comentó Maira antes de llevarse las manos a la boca y mirar a Lisel.
Ella miraba el vestido y todas sabían que deseaba arrancárselo y quemarlo.
–Querida, yo te arreglaré el pelo. Estarás radiante, confía en Lotha.
Y, sin poder hacerlo, Lisel giró sobre sus talones en busca de una escapatoria. Su pelo color miel se tornó largo y pesado hasta tenerlo largo, tanto que se enroscaba en sus pies.
–Esto si que no. Ahora no sólo parezco un cupcake sino que encima soy Rapunzel.
Nadie la comprendió pero no pudieron evitar reír.
–Yo lo arreglaré. –dijo Maira.
La muchacha, temiéndose lo peor, alzó ambas manos y trató de disuadirles de su terrorífico plan.
–No es necesario.
–Por supuesto que lo es. –dijeron las tres a la vez.
Eso fue el pistoletazo de salida que necesitaba Lisel para agarrar los bajos de su espantoso vestido y salir corriendo pasillo abajo como alma que llevaba el diablo. Bajó las escaleras de tres en tres mientras las mujeres trataban de evitar que la joven no se partiera el cuello en la huida.
En media escalera se topó con un Thorn sorprendido.
–¿Qué ocurre? –preguntó, pero Lisel se negó a detenerse.
–Locas, este castillo está lleno de gente lunática.
Thorn frunció el ceño intentando descifrar lo que ella quiso decir. Para cuando lo descifró ya estaba rodeado de mujeres con varitas. ¡Oh, cielos!
–Señoras… tengo mucha prisa.
–Vamos querido, la mujer que espera podrá aguardarte un poco más. –comentó Aldara.
Él quiso camelarse a su querida cocinera.
–Querida Lotha, Lothita mía. Déjame irme.
Las tres negaron.
–Vamos a hacer que no seas tan mujeriego. –sonrió Maira.
Thorn las miró con horror, se agarró a la barandilla de las escaleras y saltó.
–¡Antes la muerte! –gritó.
El príncipe cayó al suelo elegantemente y se escondió yendo a los calabozos.
–Todos huyen. –comentó Lotha.

***
Todas las mujeres se reunieron en el gran salón, lugar donde estaban reunidos distintos caballeros y el mismísimo rey Henry. Sonrió al ver a su amada y les dejó hacer mientras todas decoraban bajo las órdenes de Mirabella.
–Cariño, voy a hacer que Henry sea más guapo. –rio Luna.
La magia de la aprendiza hicieron que la ropa del Rey desapareciera y quedara en unos elegantes calzones. Éste se agarró su ropa interior y miró estupefacto a las mujeres.
–¡Señoras! –gritó fuera de sí.
–Mi amor, yo lo arreglo. ­–y la magia de Hellen hizo que el pelo de Henry se tornara rubio.
Y las cinco aprendices comenzaron a hacer hechizos que hizo que los caballeros salieran corriendo del lugar, algunos desnudos, otros convertidos en mujer, otros en ratón y uno de ellos quedó en la puerta convertido en piedra.
–¡QUIETAS TODAS O LAS ENVÍO AL CALABOZO!
El grito del Rey hizo que únicamente se escuchara el sonido de las varitas mágicas tocar el suelo. Las cinco miraron al pobre hombre con auténtico pesar.
–Mirabella, acaba con esto ahora mismo.
–Sí, mi señor.
Y la bruja hizo que todo volviera a su lugar.
–Cielo, estabas mejor en calzones.  –rio Hellen.
–Ya hablaremos. –y la amenazó con el dedo- Podéis seguir si prometéis que no habrá nadie cerca o yo misma las encerraré y tiraré la llave.
–Sí, su majestad. –las seis voces sonaron al unísono.





13 comentarios:

  1. Jajaja que bueno, me he reído un montón, muy buenas estas aprendices de bruja.

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  2. Jajajajaaaaa...que bueno!! Que perro tienen todas con dejar a los varones del castillo en calzoncillos. Pobre Aidan lo que me he reído. Genial

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  3. No he podido parar de reir!! Que divertido! 😂😊

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  4. Que risas! Estas brujas locas... y que hechizos... casi me da algo... hasta miedito daban con esas varitas mágicas...

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  5. Jajaja le ocurrente si esta mujeres jajaja mira que me he reído con el capi!!

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  6. Jajajajaja jajajajaja jajajajaja..
    Me ha encantado el papel de maira..
    Y el grupo este es genial.
    Me encanta sus locuras

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  7. Me ha dado flato de tanto reírme. Que risa por Dios. Y la manía de poner a todos más guapos, menos mal que a Lisel no le han desnudado

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  8. Ja, ja, ja, tengo agujetas de tanto reír, estas chicas ya son temibles sin varita pero con ellas... habría que dejarlas más tiempo practicando magia porque se les da de miedo!
    Lo del lazo de Aidan y cortarle el pelo, fue de coña, pero ya cuando empezaron a despelotar a todos o vestirlos de mujer...
    Me acabo de leer los tres últimos capítulos seguidos y solo puedo decir: gracias, Tania!! así da gusto empezar el día

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  9. jajajajajaja, no he podido parar de reír, buenísimo el capítulo

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  10. 😂😂😂 Lo que me he reído. Muy chulo chiqui 😂

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  11. La madre de todos los corderos. A ver. Seamos sensatas. Como has podido dejarles usar las varitas. Están muy locas. Pobre Lisel. Eso si como lo leo mientras como se me han saltado las lágrimas x tu culpa. Pero... Me ha encantado. ¿mas? Besos.

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  12. Ay que traviesa la reina Hellen, me ha gusto muchisimo este capi, ha sido muy pero que muy divertido jajajaja

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Gracias por comentar en el blog.