Conquístame si puedes: Capítulo 17

diciembre 01, 2016 Lighling Tucker 14 Comments

Capítulo 17:

Naylea paseaba entre los pasillos escondidos del Castillo, era su forma de evadirse de todo. Ser princesa no era del todo fácil y esperaban demasiado de ella. Al menos, no eran tan duros con ella como lo eran con Iara.
No sabía exactamente qué estaba ocurriendo, los guardias corrían, la gente chillaba y las aprendices de brujas reían. Eso eran suficiente piezas para que el puzle fuera escalofriante, armar a mujeres con varitas era divertido y peligroso.
–Locas, estoy… ¡y no se va!
Escuchó balbucear a Lisel y decidió que era el momento de actuar. Apartó el cuadro que cerraba su escondite secreto y vio pasar a una mujer con un enorme vestido violeta y una larga melena. Parpadeó atónita unos segundos antes de reaccionar.
<<¿Aquella era Lisel?>>
–¿Pero qué te han hecho?
La pobre muchacha se giró y se abrió de brazos haciendo que la mirara mejor. La verdad que estaba horrible.
–Reina, las brujas no han tenido piedad.
–Parezco la versión cupcake de Rapunzel.
Naylea no la entendió, debía ser algo de su mundo, tampoco preguntó; en aquellos momentos necesitaba volverla a la normalidad. Señaló el cuadro, le enseñó el pasadizo y le sonrió.
–Entra, te ayudaré.
Lisel no se lo pensó, entró en el pasadizo y Naylea también, cerrando para que nadie viera el pasadizo.
–¿Tienes conocimientos de bruja? –preguntó Lisel sorprendida.
La princesa negó con la cabeza y sonrió, no tenía dichos conocimientos peor no era la primera vez que Mirabella ejercía de profesora de aprendices. No era tampoco la primera vez en la que un hechizo provocaba una locura en el Castillo, con el tiempo había aprendido que los efectos de la magia se evaporaban en unas pocas horas.
Hasta entonces era mejor que Lisel permaneciera oculta, dejando que nadie viera aquella versión tan extraña de ella.
Se lo explicó y la condujo por diferentes pasillos hasta llegar a un jardín pequeño, el cuál era su escondite en sus momentos más tristes. Su santuario.
–¡Este lugar es hermoso! –exclamó sorprendida.
Naylea sonrió.
Sí, aquel lugar era su rinconcito lugar. Un pequeño jardín verde y repleto de rosales blancos y rojos. No había nada más a excepción de un gran manzano en el centro que proporcionaba sombra y cobijo los días más calurosos.
–Es mi lugar secreto. –confesó tímidamente.
–Y entiendo porqué. Es bellísimo. Un lugar muy tranquilo. –caminó hasta llegar al árbol y se sentó en la sombra. –Gracias.
Naylea miró más allá y bajo todas aquellas capaz de vestido violeta había una Lisel mucho más delgada que cuando llegó, con grandes ojeras y un gran agotamiento abrazándola. De echo, estaba sentada allí con la espalda contra el árbol y a punto de quedarse dormida.
–¿Estáis bien?
–Sí.
Se acercó a ella y se sentó.
–En mí podéis confiar.
Lisel suspiró agotada, había cerrado los ojos y negó con la cabeza.
–No quiero estar penando con lo mismo siempre. Así que he decidido que estoy bien y voy a disfrutar de mi estancia aquí.
Naylea negó con la cabeza.
–Es normal que te sientas así, los días pasan y es lógico- pero te recomiendo dejarte engordar por Lotha.
Lisel rio y tocó su vestido, sí, le quedaba grande. Se le había hecho a medida hacía escasos días y, ahora, casi cabían dos mujeres dentro. Comenzaba a ser preocupante y ella se iba a encargar personalmente de que eso ocurriera.
–Cocina genial.
Eso la hizo sonreír, aquella mujer estaba viviendo algo extraño pero comenzaba a adaptarse al Castillo. Amara o no a Aidan esperaba que disfrutara de aquel lugar mágico y especial.
–En la cena de esta noche te vigilaré bien de que comas.
Eso hizo que Lisel se pusiera seria. No quería ser vigilada.
–No es necesario.
–Sí lo es. Tómalo como si fuera tu hermana.
–Menor. –dijo Lisel contundentemente.
Naylea rio.
–Sí, pero estoy al mando.
Ella bufó sonoramente y la fulminó con la mirada.
–Eres cruel.
–Ni te lo imaginas.
Ambas quedaron en silencio, disfrutando del canto de los pájaros. Naylea volvió a mirar a Lisel y ésta se había dormido. Sonrió, era adorable verla tan tranquila. En aquella postura le iba a doler la espalda y, además, hacía algo de frío. Así que, sintiéndolo mucho se acercó a ella y posó su mano en el hombro.
Lisel aleteó un poco con las pestañas y la miró confusa.
–Te acompaño a tus aposentos, descansa lo que necesites.
–Lo siento.
–No hay nada que disculpar.

***

Naylea la había dejado en su habitación y ella se había tumbado en la cama. El sueño se había esfumado y gruñó enfadada. Hacía dos días que no lograba dormir y comenzaba a estar cansada de aquella situación.
Debía ser cerca de la hora de la cena ya que el sol comenzaba a esconderse. El atardecer era hermoso.
Bajó de la cama y se acercó a la ventana. Miró hacia abajo y vio a unos guardias comenzar a hacer su guardia. Aquel lugar estaba fuertemente vigilado y protegido, eso debía ser suficiente para conciliar el sueño, necesitaba volver a dormir o iba a parecer un zombie.
Un pequeño ruido en el pasillo llamó su atención gatuna, era tan curiosa como un felino y no podía resistirse.
Caminó de puntillas hasta la puerta y la abrió lentamente. Decepcionantemente no había nadie, lo único que agradeció fue que no había visto a Thorn tontear con alguna doncella. Estaba cansada de ver a ese hombre ligar con todo ser que respira.
Salió y cerró la puerta de su habitación.
–Ya me imagino las cosas. –se dijo a sí misma.
Un gruñido tras ella hizo que se quedara paralizada. El dragón no podía ser pero aún así no había sonado cerca de ser humano o perruno.
Caminó tratando de ignorarlo y ser capaz de ser airosa de aquella situación, creyó estar libre salvo por el detalle de que un segundo gruñido la hizo temblar de los pies a la cabeza. Pronto su mente se llenó de imágenes de la segunda bestia, la más cercana a la humana pero no por eso menos aterradora.
Lisel giró sobre sus talones y se topó de frente con la bestia y lo peor era que no parecía contenta. Hizo todo el esfuerzo posible para evitar gritar y respiró lo más tranquila que supo, no era capaz de seguir ahí plantada.
Sus ojos azules parecían encenderse y todo el cuerpo de Lisel le pidió que corriera lo más lejos posible. Y eso hizo, giró y comenzó a correr como alma que llevaba el diablo. Eso hizo que la bestia rugiera de forma que todo el pasillo retumbara.
El corazón iba a salírsele del pecho.
–¿Por qué yo? –se preguntó sin mirar atrás.
Y, cuando iba a girar el pasillo, la interceptó y la tomó de la cintura. Lisel gritó y lo pateó con fuerza, los pies le dolieron al hacerlo puesto que aquel ser era más duro que una roca.
La golpeó contra la pared y el aire hizo que sus pulmones se vaciaran. Le costó recobrar el aliento y, para cuando lo hizo, echó la cabeza hacia atrás con fuerza para golpearlo contundentemente.
Eso la enfureció todavía más. La giró hasta dejar su espalda golpear la pared, Lisel gritó al ver sus colmillos afilados. Iba a ser su cena.
–Lo siento, de verdad. Pero no quiero que me comas.
El rugido que le precedió hizo que sus oídos pitaran, cerró los ojos y comenzó a temblar como una hoja.
Notó como le olfateaba la base del cuello, rezó para que lo le pegara un mordisco. Sentirlo tan cerca era aterrador y no sabía cómo salir de aquel problema.
–Por favor. –suplicó muerta de miedo.
Notó como las manos de aquella bestia soltaban un poco el agarre y le permitían respirar. Sus pies tocaron totalmente el suelo y sintió que sin el agarre iba a caerse contundentemente al suelo.
–Déjame ir.
Pero la bestia seguía olfateando su cuello, subiendo hasta la oreja y bajando hasta la base.
–Tranquila.
Una voz masculina salió de los labios de aquel ser tenebroso. Lisel parpadeó sorprendida, y lo miró a los ojos azules.
–¿Cómo has dicho?
Él la miró, encarándola de forma abrumadora.
–No te voy a comer.
Su voz era como si dos personas hablaran a la vez, una humana y otra terribelmente sobrenatural.
–¿Eres humano?
La lengua de la bestia saboreó su cuello e hizo que Lisel se estremeciera.
–Una parte de mí sí.
–¿Quién eres?
Negó con la cabeza, Lisel perdió equilibrio que él la tomó fuertemente.
–No creo que te guste la respuesta.
Metidos en faena era mejor saberlo que quedarse con aquella duda. De echo, aquel ser la había perseguido y aterrorizado por todo el pasillo. Una explicación no estaría de más .
–No importa.
Le escuchó respirar tranquilamente y tomar el control de su cuerpo. De pronto, notó como sus manos se volvían humanas y todo su cuerpo comenzaba a cambiar.
Cuando el rostro lo hizo quedó en shock.

–¿Aidan?


14 comentarios:

  1. Madre mía!!!! Ya sabe quien es, y ahora que va a pasar??? Te odio Tania por dejarme con esta intriga

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  2. Ohhh el primer encuentro con roce y le gusta, bien y ahora a esperar, buffff.

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  3. ohhh, ya sabe quién es, qué interesante se ha quedado!!!

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  4. Ooohhhh ya puedes estar subiendo capi pronto!!!! Ansiadora 😂😍

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  5. Madre mía!! Jope con los encuentros de estos son, como Aidan siga así se queda son futura jajajaa un día de estos la mata de un susto. Me gusta que Nyalea intente acercarse a Lisel para ser su amiga..

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  6. 😱😱😱😱 ya sabe quien ese.... OMG.... que hará Lisel ahora???!! Quedó intrigadima!!

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  7. 😱😱😱😱 ya sabe quien ese.... OMG.... que hará Lisel ahora???!! Quedó intrigadima!!

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  8. Mamma miaaaa!!!!! Porque nos dejas así??? Porque???

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  9. Mamma miaaaa!!!! Porque nos dejas así??? Porque????

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  10. Mamma miaaaa!!!! Porque nos dejas así??? Porque????

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  11. Oh. My god!
    Por partes, Lisel huyendo y quien no...
    Naylea en versión maternal. Me encanta.
    Y el momento Aidan.... Quiero ver que pasa después...
    Besos.

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  12. Aaaaahhh! Muero de amor! Que exquisito, tentador e irresistible más una pizca volcánica y de intriga. Me ha gustado la parte de Lisel, en donde Ya conoce a Aidan... puro amor

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  13. ohhhh, alguien tiene un babero? si es que esta pareja me mata, qué tiernos!! pero tania, cielo, tenías que dejarnos ahí... ains, nos vamos a quedar sin uñas hasta que puedas actualizar!
    naylea es un encanto de chica, menudo escondite que tiene... wow, tiene que ser un sitio precioso! y con lisel se lleva tan bien que da gusto verlas juntas.
    lisel, maja, deja que lotha te haga una de esos platos tan ricos porque te nos estás quedando en los huesos!

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  14. Hay mi madre que forma de mostrarse a ella!!! Creo que me va a dar algo...

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Gracias por comentar.