viernes, 3 de febrero de 2017

Conquístame si puedes: Capítulo 23

CAPÍTULO 23

¡Oh cama! ¡Qué ganas tenía de estar en ella! La noche había llegado al reino y era cuando Lisel podía disfrutar de un momento de paz, de hecho se había encargado de que no la molestaran más ya que había echado el cerrojo de la puerta y esperaba que lo entendieran a la primera.
No era capaz de respirar entre tanta gente, era como sentirse enjaulada en un recinto enorme. Todos la miraban, la juzgaban y cuchicheaban a sus espaldas. Cenar era todo un espectáculo que ella prefería no vivir, no se imaginaba rodeada de tantas miradas.
Lisel se ocultaba de todos y cenaba en la cocina, Lotha nunca le había recriminado nada. Le servía y le proporcionaba una conversación banal y agradable.
Logró quitarse el maldito vestido y se metió en unos pantalones y una camisa que Naylea le había robado a Thorn. Era la única manera de sentirse cómoda, estar vestida como quería en los momentos de intimidad.
Un temblor la arrancó de sus pensamientos y la lanzó al suelo golpeando con el trasero. Algo había “aparcado” sobre la torre y no pudo reprimir una sonrisa. Era el dragón, no tenía duda alguna de que se trataba de él. Y necesitaba verle sin que nadie interrumpiera. Necesitaba intimidad con alguien y no ser sorprendida en especial por Thorn.
Con los pies descalzos abrió la ventana y evitó mirar abajo, escaló rápidamente sin importar lo frías que estaban las piedras. Deseaba llegar y tomar unos segundos en paz.
Al llegar él la vio al momento y por sus grandes fosas nasales dejó escapar un poco de humo. Lisel no temió un ataque, acabó de subir por encima del muro y cuando saltó al interior de la torre quedó agachada y sin levantar la cabeza.
—Hola. —sonrió mirándolo de reojo.
Era un ser magnífico, todo él era de un rojo brillante que hacía que se sintiera atraída para admirarlo. Un dragón de verdad, no era como en los libros, no era imaginación sino algo real que podía tocar.
Ante el silencio del animal alzó la cabeza lo más lentamente que supo, trató de no mirar a los ojos, no sabía si eso le ofendería.
—Hacía días que no te veía.
Bueno, en realidad su primer encuentro fue extraño y acabó interrumpiéndolo Thorn… como siempre.
El dragón se sentó y bajó las alas, en el fondo le parecía un gato grande con alas. Era tan hermoso que deseaba poder tocarlo.
—Si te cuento todo lo que me ha pasado estos días seguro que alucinas. —rió nerviosa.
Ahora podía ver esos ojos azules hermosos y ese gran morro lleno de dientes que podían triturarla sin dificultad. Decidió echar lejos aquel pensamiento y seguir con calma.
—¿No serás Aidan?
El dragón dio contestó como cuando un perro inclina la cabeza al oír la voz de su amo, primero a la derecha y luego a la izquierda.
—¿Cómo vas a serlo? Seguro que es imposible. —rió y se pasó las manos por el rostro— Es que el príncipe Aidan se transforma en bestia y como tenéis los ojos azules pensé que… bueno, nada. No me hagas mucho caso.
Un leve gruñido hizo que ella se callara al momento, no quería provocar que se la comiera. ¿Existía alguna manera cordial de hacerse amigo de un dragón?
Caminó un poco hacia él y se sentó en el suelo cuando creyó que era la distancia adecuada. Pero, él dio unos pasos en dirección a ella hasta quedar tan cerca que podía notar el calor interno que aquella bestia desprendía.
—Tengo miedo de que acabes mordiéndome… —se sinceró contemplando la gran garra que tenía cerca del brazo derecho.
El gran morro bajó y quedó a escasos centímetros de su cara provocando que quedara petrificada. Se olvidó de respirar unos segundos hasta que un gruñido la obligó a regresar a la vida. No sabía si desmayarse o hacer lo que realmente deseaba.
—Metidos en faena… —se susurró a sí misma.
Echó la cabeza hacia delante y la frente de Lisel tocó la cabeza de él. El momento fue mágico y se sintió eufórica.
Él miró dentro de ella a través de sus ojos y fue como si pudiera verla por completa, quien era y de donde venía, todo su ser. Su mirada transportaba tanta paz que logró normalizar la respiración y subir ambas manos para abrazar aquel morro tan peligroso. Sus escamas resbalaron entre sus manos y sonrió contenta.
—Eres hermoso.
El dragón bufó provocando que su aliento chocara en su pecho y estómago. No se apartó de él y siguió agarrada a él unos pocos minutos más. Producía la calma que no había tenido desde que había llegado.
Cuando rompió el contacto su cuerpo quedó frío, era tan caliente como el fuego que, seguramente, podía dejar ir.
—Gracias por no comerme.
Él se apretó a su lado y con la gran cola la rodeó. Sorprendentemente no sintió miedo, se acurrucó a una de sus patas y quedó mirando aquel reino de ensueño.
—Este lugar es hermoso… —tras una pausa continuó— Pero me gustarían que comprendieran que no es mi hogar. Todo lo “mío” está tan lejos de aquí, si al menos pudiera saber que están bien sin mi. Decirle a mi madre que la quiero… algo.  
Las montañas eran altas y el pasto se extendía a lo largo de su alcance de vista, eso no existía en su ciudad. Poco campo podían ver como aquel.
—Buscan que me enamore de un hombre que no soporta mi contacto ni dos minutos seguidos. Yo.. yo quisiera conocerle mejor pero no puedo.
Un bufido la despeinó, Lisel miró hacia arriba y él la estaba mirando.
—¿Qué? Sí, quiero irme porque mi familia está lejos pero eso no quita que Aidan sea…
Y el silencio les envolvió. ¿Cómo era?
—No puedo enamorarme de él, si él siente algo por mí tengo que hacer que no llegue a más. No puedo romperle el corazón.
Sí, era lo mejor.
—No es justo, ese hombre ha vivido un infierno siendo quien es. No puedo añadir más carga a su espalda. No puede enamorarse de alguien que puede abandonarlo.
Antes de poder seguir hablando un pequeño copo de nieve tocó uno de sus pies. Dio un respingo y comprobó como comenzaba a nevar. Al principio pequeñas gotas para luego convertirse en grandes copos.
Lisel abrió ambos brazos con las palmas de las manos hacia arriba dejando que sus manos se mojaran con aquellos trozos de hielo.
—¡Está nevando! —exclamó emocionada.
El paisaje era sobrecogedor, tan hermoso iluminado por la luna. Sus prados, sus árboles y sus grandes montañas erguidas orgullosamente en el horizonte. Y todo llenándose de nieve, los copos caían de forma desigual cambiando el paisaje.
Ella era una privilegiada de unas vistas increíbles, mirando caer la nieve sin pensar en nada más. Tal vez todo fuera complicado, tal vez nunca volviera o Aidan nunca volviera a hablarle pero, ahora, no podía dejar de contemplar el paisaje.
El dragón hizo un pequeño ruido que ella no atendió y siguió disfrutando de las vistas acurrucada en aquel cuerpo tan cálido. Notó como él aumentaba la temperatura de su cuerpo y se agarró con ambos brazos a su pata.
Al cabo de unos segundos se dio cuenta que no se estaba mojando, no caía nieve sobre ellos y el suelo estaba limpio. Alzó la vista y comprobó, conmovida como el dragón tenía una ala sobre ella haciendo de paraguas.
—Gracias.

Y juró que le vio sonreír.


11 comentarios:

  1. Ay que dulzura por favor!!! Me encanta!!! <3 Tan adorable!!

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  2. Que bonitooooo 😍 Que ternura, es muy dulce pero pobres que sufrimiento leñe. 😘 Buen finde.

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  3. Que bonito!!!es una chulada, ha sido increíblemente dulce. ❤️❤️❤️

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  4. Ohhh!!!...
    Que capítulo más tierno..
    Pero oye una cosa, yo me he liado un poco con la historia me voy a tener que releer hasta hora por me parece que hay huecos y saltos.

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  5. Ay, qué lindos!!!! Por favor, se me cae la baba de una manera que no te puedes imaginar, Tania. Es precioso, romántico a más no poder y ellos son lo fantásticos!

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  6. Oh! que escena más bonita e intima entre aidan dragón y Lisel, debo decir que soy fan de ella. Tiene unos puntos. Buen capítulo, quiero más.

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  7. Que escena más bonitaaaaaaa, cuando Lisel se entere que el dragón es Aidan me da un parraque jajajaaaaa lo bueno es que se sincera aunque no lo sepa y reconoce que siente algo por el!!

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  8. Soy neuva seguidora, me ire a buscar el primero!!!
    Como consejo, podrias dejar al final del capitulo un link al primero para ir leyendolos nosotros los nuevos <3
    besos

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